Jorge Colberg Toro

Tribuna Invitada

Por Jorge Colberg Toro
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Rosselló, la sombra siempre coge al cuerpo

El respetado profesor Héctor Luis Acevedo tiene un refrán muy particular que en los momentos de tomar decisiones difíciles, lo repite una y otra vez: “La sombra siempre coge al cuerpo.”

Esa interesante analogía busca subrayar la importancia de ponderar con mucho cuidado las expresiones y decisiones que uno toma en la vida, porque - al igual que la sombra - éstas nos perseguirán por el resto de nuestros días.

En 2015, el entonces aspirante a la gobernación Ricardo Rosselló comenzó su campaña con un discurso impetuoso. Decía que la deuda era pagable. Señalaba que había suficiente dinero pero que el problema eran las prioridades. Se opuso a la ley de moratoria, a la Ley 66 que establecía controles de gastos y a la reforma contributiva.

En 2016, se comprometió con los bonistas a pagar la deuda y acusaba a la administración de turno de crear una “crisis humanitaria ficticia.”. Criticaba a Pedro Pierluisi por impulsar legislación para paralizar los pleitos y decía que el Estado Libre Asociado era el causante de todo.

En octubre de 2016, prometió no despedir empleados ni tocar las pensiones. Dijo que bajaría las contribuciones, que no habría aumentos de matrícula en la Universidad de Puerto Rico y cerró su campaña con el sonoro reclamo de poseer el más extraordinario plan que jamás haya existido para resolver la crisis fiscal.

En síntesis, su retórica era igual que aquel programa televisivo - música para tus oídos.

Pero como todo en la vida, se acabó el tiempo de los discursos y llegó el momento de las decisiones. Y desde ahí, la historia es otra.

El nuevo gobierno empezó pidiendo una extensión a la moratoria que habían criticado, extendieron la ley 66 a la que se habían opuesto; admitieron que su plan no estaba listo y aplazaron su entrega; y, los acuerdos voluntarios que pregonaban, terminaron suplicando por una negociación compulsoria a través del tribunal.

Entonces insertaron el estatus, pero mientras atacaban al ELA, pedían que se extendiera por 10 años el crédito de la Ley 154 que solo es posible bajo el ELA; prometían la estadidad a las gradas, pero a los industriales les decían que lucharían por la sección 245 que solo es viable bajo el estatus actual.

Le juraron a los seguidores del PNP que la estadidad estaba a la vuelta de la esquina, pero no consiguieron ni un solo coauspiciador para el proyecto de admisión.

Convirtieron deliberadamente a la Junta de Supervisión en su enemigo mediático, pero esas rabietas bravuconas se convirtieron en frases enclenques porque - en nueve meses de gobierno - la Junta no ha tenido que invocar ni una sola vez su poder revocatorio porque el gobierno siempre se allana.

Ahora vuelven a sacar pecho, desafiando a la Junta por la certeza de sus números, pero acuden al Tribunal Supremo para que mantenga confidencial los cálculos que validarían sus propios argumentos.

Y así nos llevan, entre contradicciones e improvisaciones. Sin embargo, por esos designios de la vida, en solo dos semanas, los tiempos de los discursos jactanciosos y desafiantes se habrán agotado.

El gobernador enfrentará la más dura de todas sus pruebas. Sencillamente, tendrá que probar la certeza de su plan poniendo en juego su credibilidad.

En poco tiempo, chocarán las palabras con la realidad y el país finalmente conocerá quien dice la verdad. Y en ese momento, no habrá espacio para más teatro, porque después de todo, la sombra siempre coge al cuerpo.

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