Víctor García San Inocencio

Punto de vista

Por Víctor García San Inocencio
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Rosselló: renuncia o residenciamiento irrefrenable

La renuncia, es decir, la vacante en el cargo de gobernador, es inminente. 

Los dominós han caído aceleradamente y en las últimas 24 horas Pedro Rosselló ya no es penepé, ni miembro de la mutilada Comisión de la Igualdad, ni del Directorio; Ricardo Llerandi ha renunciado a la Secretaría de la Gobernación y a otros cargos; a La Fortaleza se le fue su administrador; y la Junta de Supervisión Fiscal manifestó preocupación por el desorden gubernamental y una extraña admiración por la resistencia del pueblo en las calles. 

También la primera figura del republicanismo local, la Lcda. Zoraida Fonalledas, miembro también de la diezmada Comisión mencionada, le ha pedido la renuncia al gobernador, junto a una docena de alcaldes.

Una implacable y frenética matrícula de último minuto al coro “Gobernador renuncie” de líderes estadistas, penepés y republicanos”, solo es superada por el tajureo de posibles sustituciones para que inicie el proceso de residenciamiento, u obligue al gobernador a iniciar la estratégica designación del sustituto a la Secretaría de Estado. 

Renunciando o residenciado (demasiado tarde), si es de inmediato, el efecto será el mismo: la línea de sucesión legislada llevará a una muy cuestionada secretaria de Justicia a la gobernación directamente.

La Cámara de Representantes acaba de recomendar con tardío frenesí iniciar el tan esperado proceso que necesitaría dos terceras partes para llevar la acusación al Senado, quien necesitaría tres cuartas partes de los votos para residencia al gobernador.

Quien no ha sido capaz de atender por omisión decidida o negligencia virtualmente ningún caso de corrupción de esta Administración, podría ser de un momento a otro gobernadora, si no se produce un manotazo que obligue al gobernador a enviar un nombramiento a la Secretaría de Estado. Pareciera que se ha hecho tarde para ablandar granos.

Mientras tanto, se dice que una decena de renuncias ampliaría el número de vacantes adicionales en el gabinete —que ahora son 17— agravando la parálisis y la espiral de ingobernabilidad que ha acorralado al renunciante gobernador y al país.

Huérfano de amigos en Estados Unidos —ni demócratas, ni republicanos— asediado por los escándalos y arrestos pesados de su secretaria estrella, Julia Keleher y de su programa Vital por las investigaciones de los federales y por las lentas investigaciones de aquí; emplazado por industriales y comerciantes; y por un millón de puertorriqueños en marcha, el curso de la historia parece irrefrenable.

El entuerto tomará tiempo deshacerlo. Ciertamente la renuncia del gobernador aceleraría el relleno de la carie. ¿Pero será ese el mejor tratamiento? ¿Qué otros dominós seguirán cayendo que conlleven otras transiciones y transacciones? ¿Qué se negocia, por quiénes y a qué precio?

Mientras el país espera en las calles, confiemos en que al menos por esta vez, las irrefrenables avaricia y gula cedan, para que tengamos algún espacio para ver una nueva era que nos encamine a la libertad.

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