Hiram Sánchez Martínez

Tribuna Invitada

Por Hiram Sánchez Martínez
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Rosselló y el efecto nocivo de amedrentar a jueces

A los jueces, sí. Esa fue la esencia del mensaje del gobernador Ricardo Rosselló a los jueces que integran el Poder Judicial y que habrán de estar a cargo de presidir los procesos penales en los que se determinará la culpabilidad o no culpabilidad de los acusados por los actos vandálicos posmanifestación pacífica del pasado lunes 1 de mayo. Sus palabras textuales fueron:

“Yo les garantizo que vamos a tener los arrestos y todos los elementos para tener estos casos listos. Y les hago el llamado a los tribunales. El pueblo los está observando. Nosotros vamos a estar observando a quienes permitan que los casos se caigan en los tribunales”.

No sé si el Gobernador se estaba refiriendo a los tribunales estatales únicamente, o si su “ojo avizor” incluirá también a los jueces federales. Pero no importa. Un juez, sea estatal o federal, tiene que sentirse completamente libre para cantarlas como las vea. No puede ser de otro modo. En el caso de los jueces federales, siendo sus nombramientos de por vida, las amenazas “de vigilancia” se vuelven puro aguaje; se tornan en amenazas “de agua”. En el caso de los jueces estatales no; la cosa varía.

Los nombramientos de los jueces estatales son a término —ocho, doce, dieciséis años—, por lo que, si aspiran a permanecer en la judicatura por términos adicionales, sus nombramientos, al expirar, tienen que pasar nuevamente por el escritorio del gobernador de turno. De modo que un juez cuyo nombramiento expire en este cuatrienio y desee continuar en la judicatura, tendrá que solicitarle al gobernador Rosselló que lo renomine.

Supongamos entonces que uno o más de estos jueces tiene ante sí la determinación de causa probable, de vista preliminar o el juicio de alguno de estos casos que se originaron el lunes 1 de mayo, ¿se sentirá completamente libre al emitir sus fallos, órdenes y resoluciones sabiendo que el gobernador que tiene en sus manos la renovación de su contrato de trabajo lo está “velando”, con la implicación que todos sabemos que tiene ese término en Puerto Rico?

Naturalmente que las determinaciones de los jueces pueden —y yo diría “deben”— ser criticadas por parte de los ciudadanos cuando sean patentemente erróneas o causen insatisfacción justificada. En una democracia no debe haber instituciones tipo “vaca sagrada” que escapen al ojo crítico y escrutador de la ciudadanía. A diferencia de los Poderes Legislativo y Ejecutivo, los jueces no tienen que rendir cuentas cada cuatro años en las urnas; remedio que sí tenemos los ciudadanos ante legisladores o gobernadores incompetentes. La crítica razonable y moderada es entonces el único mecanismo del que disponemos. Y los jueces mismos deben entender esta realidad sociopolítica y tener el “cuero duro” ante la crítica.

Sin embargo, la crítica debe ser de las determinaciones ya hechas. No debe ser una crítica anticipada basada en las conjeturas sobre lo que el juez podría resolver en el futuro; y menos de parte de la autoridad nominadora como amenaza por cualquier posible decisión judicial que no sea de su agrado. La expresión del gobernador Rosselló de “los vamos a estar velando (a los jueces)” es desafortunada, además, porque no proviene de un ciudadano común, sino del máximo jerarca de uno de los tres poderes constitucionales —el Ejecutivo— que siempre debe observar respeto y deferencia hacia los otros dos poderes.

La estabilidad de nuestras instituciones de gobierno depende de que en un sistema de pesos y contrapesos cada Poder constitucional respete las prerrogativas del otro; no que las menoscabe. La Policía: que haga el trabajo de investigación, y los fiscales: de procesamiento. Eso es lo que le toca al gobernador Rosselló como jefe del Ejecutivo. No le corresponde validar las actuaciones de sus funcionarios recurriendo a la intimidación de jueces, recurriendo al “Te estoy velando” porque, ante un juez amedrentado, los derechos de los acusados se vuelven hueca formalidad. Algo terrible para el país.

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