José Humberto Rivera Madera

Tribuna Invitada

Por José Humberto Rivera Madera
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Rosselló y el traje nuevo del emperador

En Puerto Rico se ha proliferado en los últimos tiempos una peligrosa costumbre política para tratar de disfrazar asuntos importantes y venderlos como quiere la administración de turno que se vean y no necesariamente como son en realidad. Los ya famosos “Spins” de la política norteamericana se han criollizado y más que nunca hoy, los venden como realidades alternativas a decisiones que toman las administraciones y que son perjudiciales y abusivas contra la población. La administración de Ricardo Rosselló ha estado desde el día uno de su gestión diciendo una cosa y haciendo otra, pero presentándole al país un cuento de hadas lleno de números y malas decisiones acomodadas a su beneficio. Al igual que en el cuento donde unos sastres fingieron hacerle un traje a un Emperador y le dijeron que si no lo veía era porque no tenía la capacidad para gobernar, Rosselló y su gobierno le intentan decir al pueblo que si no ven con buenos ojos lo que él está haciendo, es porque no tienen la capacidad de entenderlo.

Para poder ilustrar mejor el traje invisible que el gobierno actuando de sastre nos quiere hacer ver, les voy a mencionar dos ejemplos tan absurdos y contradictorios en su naturaleza, que realmente representan una falta de respeto a la inteligencia de los puertorriqueños. Primero, no hay manera lógica de poder creerle al gobernador su intentona de oposición a la orden de la Junta de Control Fiscal de reducir la jornada laboral.

Cuando la Junta comenzó a trabajar y le requirió al entonces gobernador Alejandro García Padilla que sometiera ante su consideración un plan fiscal, este no incluyó una reducción de jornada ni despidos de empleados públicos por lo cual fue rechazado bajo el pretexto de que no cumplía con las expectativas trazadas y que preferían esperar el plan del nuevo gobernador electo, Rosselló.

El plan fue sometido por la administración Rosselló y este incluía, entre otras cosas, una reducción de jornada laboral a los empleados públicos. La Junta aprobó el plan y el opulento despliegue mediático de La Fortaleza celebrando esa aprobación de su plan fiscal fue sin precedentes. Hoy ante la inminente puesta en ejecución de su propuesta, el Gobernador vuelve a cocer otro traje invisible tratando de hacerle creer al país que está en contra y hasta dispuesto a ir a la cárcel para no cumplir su propia propuesta. El sólo intento de proponer que una acción como esa puede ser cierta es un burdo ejercicio de relaciones públicas lleno de falsedad.

El segundo ejemplo se dá exactamente al momento de escribir esta columna. La prensa del país reseña que Rosselló va a llevar a la Junta de Control Fiscal una denuncia de que según el, 840 empleados públicos fueron nombrados en violación a una veda impuesta por la misma Junta. Si, hermanos puertorriqueños, el gobernador nos quiere cocer otro traje invisible. Ahora refiere a la misma Junta que impone la jornada laboral, por la cual el está dispuesto a ir preso, el nombramiento “Ilegal” de 840 trabajadores y padres de familia para que sean ellos quienes los despidan y no su gobierno. Le reconoce a la Junta de Control Fiscal la potestad de despedir a esos 840 trabajadores, pero no le reconoce la potestad de reducir la jornada laboral. La parte del luchador justiciero la ejecuta él, pero la parte del obscuro enterrador la interpreta la Junta de Control Fiscal. En mi pueblo le gritarían: “Que Mamey”

La contradicción es tan obvia que cuesta al erario millones de dólares en publicidad para que sea vista de otra manera. Su esfuerzo sobrenatural de tratar de que no nos demos cuenta de que al final, la Junta y él son la misma cosa lo lleva a seguir cociendo trajes invisibles y obligar al país a que los vea. Subestima todos los días la capacidad de los puertorriqueños de indignarse y levantar su voz en contra de estos abusos y con su poder económico nos crea una realidad falsa sobre los temas que nos abaten como sociedad. El rey del cuento, sus súbditos y el pueblo solo aceptaron lo obvio, que el rey iba desnudo y que los sastres lo habían engañado, cuando un niño gritó durante el desfile: “¡pero va desnudo!”. Los puertorriqueños todos tenemos la obligación de ser ese niño que grita la verdad, que no compra teorías inverosímiles porque su inteligencia y sinceridad no lo dejan. Tenemos que cuestionar las decisiones del Gobierno y la Junta de control Fiscal en su juego de Policía bueno y Policía malo. Al final es nuestra responsabilidad darnos cuenta si al final del cuento y del desfile realmente nos tejieron un traje de seda fina o si llegamos desnudos a nuestro destino.

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