Luis Rafael Sánchez

Desnudo Frontal

Por Luis Rafael Sánchez
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“Run, baby, run”


UNO

De abrumadora catalogo una súplica evocada durante el juicio a los acusados por el asesinato de Adam Anhang Uster, el empresario canadiense que prosperó, se casó y halló la muerte en Puerto Rico. Según los medios noticiosos, dicha súplica fue la última oración que el hombre pronunció antes de sucumbir a los efectos de un brutal asalto callejero: “Run, baby, run”. La súplica tenía como destinataria a su esposa, quien lo acompañaba.

La fiscalía argumentó que la esposa, Áurea Vázquez Rijos, había sido la autora intelectual del asalto. La argumentación, hilvanada al detalle y apuntalada por las declaraciones de testigos fiables, convenció al jurado. Que emitió un veredicto unánime de culpabilidad para ella y sus cómplices: la hermana y el excuñado.

DOS

A diferencia del lenguaje erótico, comprometido con el reclamo sexual apremiante porque la fugacidad caracteriza su ocurrencia, el lenguaje amoroso respira ternura, sosiego. Baby, anglicismo de uso general en Puerto Rico con el significado de nene o nena, nenito o nenita, bebé o beba, da pie a contenidos innovadores cuando se lo utiliza como recurso voluptuoso. Entonces, baby equivale a mami rica, mamisonga, puchuchúa. Asímismo equivale a coso mío, papi sabroso, puchuchú y chulerías análogas. Unas chulerías integrantes del repertorio de mimos que fortalecen la seducción y contribuyen a sus desenlaces gratos.

Bien pensado, la súplica “Run, baby, run” constituye un ejemplo desesperado de lenguaje amoroso. Siendo leal y desprendido en su amor, siendo la salvación de su esposa la preocupación máxima, Adam Anhang Uster se esforzó en alertarla para que huyera y resguardara la vida, a fin de cuenta la única propiedad importante: lección para quienes lo muchísimo les resulta poquísimo.

Desde luego, ni con brocha gorda se despinta la capa erótica del desespero. Pues, el enamoramiento prohija el deseo. Mas, cuando el deseo se consuma lo relevan la amorosa ternura y el amoroso sosiego.

TRES

De entrada, catalogué de abrumadora la súplica “Run, baby, run”. Luego, para mis adentros razoné que la súplica exige el re-examen fuera del marco judicial. Un re-examen auspiciado por la obligación de inventar que contraen la novela y el guión cinematográfico y la obligación de investigar que contrae el periodismo.

Desde luego el re-examen a cargo de la novela y el guión permitirían el arbitraje sutil de la fantasía. Porque el novelista y el guionista tienen permiso para inventar realidades. En cambio, al periodista se le niega el derecho al fantaseo mínimo. Porque el periodista solo tiene permiso para investigar la realidad.

Tengo por ventajosa la restricción impuesta al periodista. La crónica periodística enfrenta un desafío mayor que el enfrentado por la literatura. Que siempre llega tarde, llega después que la realidad se sirve con la cuchara grande. Pues, no obstante, los aires divinos que el escritor le adjudica a sutrabajo la literatura no pasa de ser otra hijastra de “la realidad”. Incluso su copia ociosa muchas veces. Lo que es natural. Arte y realidad son mundos distintos y distantes.

CUATRO

En su simpático “Diccionario de los lugares comunes” Gustavo Flaubert define la literatura como “ocupación de ociosos”. Vale la pena recordar que el perfeccionamiento esclavizó a tan excepcional ocioso. Cinco años le tomó escribir “Madame Bovary”, una semana consagraba a la escritura de una sola página, sospecho que dedicaría buena parte de la semana a la corrección de la página susodicha: la añadidura o tachadura de palabras, la garata con la cacofonía, el cálculo de la utilidad o el perjuicio del ritmo. ¡La obra literaria le confiere ritmo hasta a la arritmia!

Pero, la literatura no llega tarde porque el escritor sea holgazán o porque la perfeccionitis neurótica acabe tulléndolo. La literatura llega tarde porque el volcán imparable de horrores que nombramos “la realidad” desacredita la imaginación artística más fértil, cuando no la atrofia o empequeñece.

A la literatura se le exige sensatez, verosimilitud y credulidad aun cuando “la realidad” desdeña la sensatez, la verosimilitud y la credulidad. Apenas hoy el volcán imparable de horrores que nombramos “la realidad” trae el éxodo desgarrador de miles de ciudadanos centroamericanos hacia los Estados Unidos de Norteamérica, la amputación de los dedos al periodista árabe Jamal Khashoggi, las ejecuciones a plena luz del día en los expresos automovilísticos puertorriqueños.

Menos mal que el desdén de “la realidad” nos arranca la lágrima, pero también nos arranca la sonrisa de oreja a oreja. El mismo día cuando el canadiense hubiera festejado el cumpleaños se produjo el veredicto unánime de culpabilidad para quienes urdieron su muerte. Vaya regalo póstumo el que ‘la realidad’ le obsequió al desdichado Adam Anhang Uster, el empresario canadiense que prosperó, se casó y halló la muerte en Puerto Rico tras suplicarle a la esposa “Run, baby, run”.

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