Rubén García Reyes

Punto de vista

Por Rubén García Reyes
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Salud mental en tiempos de cuarentena

La incertidumbre es el sentimiento que agobia la mente de los puertorriqueños/as que se encuentran en sus hogares a la expectativa de la resolución de la propagación del coronavirus. Sin embargo, esta emergencia de salud pública mundial se viene suscitando desde finales del año 2019 en la República Popular de China.

Por meses, científicos reconocidos como el doctor Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (NIAID, por sus siglas en inglés) venía alertando a los gobiernos del planeta de esta crisis. Esta problemática salubrista eventualmente llegaría a nuestro hemisferio, pero ¿cómo se estaba preparando a la población ante los inminentes casos que hoy tenemos en nuestra isla? La contestación es aplazar la toma de decisiones y emitir comentarios que enfurecieron a la ciudadanía, que pedía liderato y planificación. Esto ante la vulnerabilidad del sistema de salud y de manejo de emergencias a nivel de gobierno central y municipal.

La salud mental del boricua se ve afectada por decisiones que perjudican su bolsillo aun más, pero que sí son necesarias, como por ejemplo esta cuarentena. No obstante, la ausencia de un plan integrado, donde los componentes de salud, trabajo, justicia, desarrollo económico y educación trabajaran en una misma dirección, agravó la ansiedad colectiva. Además, ante los inminentes efectos socioeconómicos que este virus ha ocasionado en la economía de los Estados Unidos, el archipiélago de Puerto Rico se ve severamente afectado por la falta de estructuras comunitarias y gubernamentales primordiales para atender las necesidades del pueblo. Esto, cuando se ha reportado un alza en la tasa de suicidios, específicamente en los jóvenes y jóvenes adultos, desde el paso de los huracanes Irma y María por nuestra región.

Otra triste realidad que enfrentamos es la pérdida de empleo de cientos de miles de puertorriqueños/as que son el/la único/a proveedor/a del sustento de su hogar. Al estar aislados en sus casas, todos los días, hombres y mujeres en Puerto Rico reciben cartas de suspensión y cesantías temporeras que dificultan mantener a la población en calma. Después de todo, ¿cómo le expresamos a alguien que ha dejado de recibir su sueldo para sostener a su familia que el aislamiento social implementado es por su bien? La contestación para muchos/as que están pasando por uno de sus peores momentos es que el entender y escuchar por parte de terceros son a veces elementos de respeto y empatía que pasan desapercibidos.

Consecuentemente, esta emergencia epidemiológica va a continuar destapando serias irregularidades en nuestro sistema actual. Lo que preocupa e indigna es que no se trate como una prioridad el estado mental de nuestra población. Para esto, es necesario un cambio de mentalidad y paradigmas que provean para el pensamiento crítico y la acción preventiva que hacía falta antes de la cuarentena. Solo el tiempo dirá cuán listos estamos para cambiar la forma en la que vivimos y así alejarnos de una vez y por todas del conformismo.


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