Víctor García San Inocencio

Punto de vista

Por Víctor García San Inocencio
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Salud tiene que investigar en el Viejo San Juan

Villefranche-sur-Mer es el puerto marsellés donde ha de estar arribando hoy el Costa Luminosa, el mismo que ha dejado enfermos en su pandémica travesía en las islas Canarias, Gran Caimán, San Juan, y que no pudo atracar en Antigua, ni antes en Jamaica porque no lo dejaron.

San Juan es una escala crítica por haber sido el último puerto de las Américas donde un torrente de 1,400 pasajeros y tripulantes del Costa Luminosa desembarcaron, algunos de estos posiblemente contagiados asintomáticos, o no, del COVID-19. Lo sabemos, por el antes, el durante y el después de ese triste 8 de marzo; lo sabremos con mucha mayor precisión, luego de que se investigue como debe ser: sin negaciones, abulia, pretextos, dedos amarrados, toallazos, ni ninguna de esas pestilentes tramoyas con las que se esconden, sepultan y olvidan en Puerto Rico los hechos más ofensivos.

El periódico Miami Herald, por la pluma o teclado de su periodista Taylor Dolven, le ha seguido la estela al Costa Luminosa con base en Miami. Ayer escribió la periodista de Negocios--investigadora especializada, entre otros, en los desmanes de la industria naviera-- que el crucero estaba por llegar a Marsella hoy, luego de haber ido dejando a pasajeros enfermos de COVID-19 en la travesía. En ese trayecto se han multiplicado los enfermos entre pasajeros y tripulación. De hecho, hay, según registros suministrados al Herald, 24 miembros de la tripulación clasificados como enfermos y en aislamiento, y 50 pasajeros enfermos o acompañantes de enfermos.

Mil cuatrocientos veintisiete pasajeros (1,427), de los cuales hay doscientos treinta y tres ciudadanos estadounidenses, enfrentarán ahora una cuarentena de por lo menos quince días, si el buque es admitido en la Francia del presidente Macron.

A todos los pasajeros y a la tripulación se les permitió circular y aglomerarse en el barco en bares y restaurantes, aún después de haber dejado pasajeros enfermos en varios puertos. No fue hasta el domingo, 15 de marzo, que se le proveyeron máscaras a la tripulación.

Toda esta valiosa información provista en el artículo citado contiene detalles tales como un registro de las cabinas del “staff” del barco a donde no puede llevarse comida, aunque no se especifica cuáles síntomas tienen los que están a bordo; algunos han desarrollado tos y estornudos. El registro refleja también que otros miembros de la tripulación se han enfermado.

Los primeros cinco tripulantes que enfermaron fueron aislados el 8 de marzo, el mismo día que la pareja italiana fue evacuada del barco en Puerto Rico y que se le dio la placa conmemorativa al capitán. Dos de estos trabajadores habían estado en contacto con pasajeros enfermos, dos eran compañeros de cabina y otro llevaba comida a las cabinas en aislamiento.

El domingo 15 de marzo, un camarero guatemalteco fue aislado al tener contacto con un pasajero enfermo, y un asistente del bar de Indonesia también. Según el registro el aislamiento fue requerido por el hospital. (Hay que suponer, lo que llaman hospital de a bordo). Ese día fue cuando bajaron a los tres pasajeros con problemas respiratorios en Canarias. Esa noche el capitán ordenó a todos los pasajeros quedarse en sus cabinas por el remanente del viaje.

El martes pasado (17 de marzo) el CDC publicó un informe sobre el contagio en otro océano, de 700 pasajeros en el crucero Diamond Princess. Se estableció que si bien los primeros casos fueron detectados entre los pasajeros y miembros de la tripulación, ya para el 2 de febrero comenzaron a implicarse personal del servicio de alimentos. Los investigadores del Informe publicado en el semanario del CDC subrayan la necesidad de la investigación epidemiológica tan pronto el virus es detectado.

Una pareja de sexagenarios de la Florida que viaja en el Costa Luminosa creyó que el viaje sería cancelado, pero decidió abordarlo el 5 de marzo en Ft. Lauderdale pues la compañía no estaba ofreciendo reembolsos. 

Pregunto:

¿Está el Departamento de Salud investigando posibles contactos entre el personal de los negocios del Viejo San Juan, transportistas y excursionistas para indagar quién, si alguno, o si alguno de sus contactos, ha desarrollado síntomas y para proveerles orientación? ¿SI hay negocios cerrados o detenidos por la cuarentena, se ha llamado a sus dueños o encargados para preguntar? Estamos dentro del periodo de incubación y manifestación de la enfermedad.

Ese debió ser el punto de partida de una investigación epidemiológica, el mismísimo 8 de marzo, si se ha querido trazar el viaje silente del virus en Puerto Rico, aparte de las rutas del bailador panameño, o cualquiera otra menos masiva.

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