Rafael Cox Alomar

Tribuna Invitada

Por Rafael Cox Alomar
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Salvador Casellas: In Memoriam

La mañana de hoy me sorprendió con la noticia del deceso del juez Salvador Casellas.

Para quienes tuvimos el privilegio de haberlo conocido, querido y admirado, el juez Casellas deja un vacío francamente imposible de llenar. Sin dudas, llegó a ser una alta energía de Puerto Rico.

Ante Casellas estamos no sólo frente al jurista de mente fértil, sino y más importante aún ante un puertorriqueño a carta cabal que supo defender con alto sentido de la ética y del deber aquellos principios y valores en los que siempre creyó; tales como el derecho inalienable de los puertorriqueños a vivir una vida digna, en la que los derechos fundamentales del ciudadano (como el derecho a la vida y al debido proceso) no se quedaran meramente en palabras huecas sino que tuvieran tangencia con la realidad del ciudadano de a pie.

Más allá de haber sido un defensor a capa y espada del derecho de nuestro pueblo a vivir libre de la mácula colonial, Casellas, tanto en su modelaje personal así como a través de su abultada ejecutoria pública, constituye referente obligado para las futuras generaciones de juristas y funcionarios públicos.

Precisamente en la hora actual, cuando Puerto Rico se debate entre la vida y la muerte y cada vez son más los jóvenes que pierden la esperanza sobre cómo echar a andar al país, es que se hace imprescindible pasar revista sobre las ejecutorias del inmarcesible Salvador Casellas.

No olvidemos que fue Casellas, quien con tan sólo 38 años, estuvo al mando del Departamento de Hacienda durante la crisis mundial del petróleo y del pernicioso ciclo inflacionario-recesionario que estuvo a punto de llevar al colapso a la economía americana (y la nuestra) durante las administraciones de Richard Nixon y Gerald Ford.  

Su laboriosidad, ingeniosidad y credibilidad fueron elementos señeros en la puesta en marcha de una estrategia concertada entre el gobierno de entonces y la banca privada con la cual se previno el colapso fiscal del país. Su alto sentido de propósito, además, lo llevó a diseñar presupuestos ceñidos a la realidad y no al frenesí politiquero que nos ha llevado al más oscuro precipicio.

Arquitecto destacado del ensamblaje de la economía moderna de Puerto Rico, quien en 1976 jugó un papel importante en la concesión a la isla de la Sección 936, Casellas además se destacó por sus aportes a los trabajos del Comité Ad Hoc sobre el desarrollo del Estado Libre Asociado presidido por el exgobernador Luis Muñoz Marín. Tan es así, que el grupo puertorriqueño del Comité Ad Hoc sesionaba desde el Edificio Intendente Ramírez del Departamento de Hacienda que Casellas dirigía. (Véase encabezado de carta de Muñoz Marín a Marlow Cook de 6 de junio de 1974).

Años más tarde, en 1994, el presidente Bill Clinton lo nombró juez federal en Puerto Rico.

De sus múltiples decisiones judiciales, quizás una de la más conocidas sea la de United States v. Acosta Martínez, 106 F. Supp. 2d 311 (D. Puerto Rico 2000), en la que Casellas valientemente resolvió que la ley federal sobre pena de muerte (“Federal Death Penalty Act”) es inaplicable a Puerto Rico toda vez contraviene el Artículo 2, Sección 7 de la Constitución de Puerto Rico (que la prohíbe). En Acosta Martínez, Casellas abrió la caja de Pandora sobre el alcance de la Sección 9 de la Ley de Relaciones Federales y el significado de la conflictiva e incomprendida frase (copiada de la Ley Foraker) sobre la efectividad en Puerto Rico de aquellas leyes de los Estados Unidos que no sean “localmente inaplicables” en territorio puertorriqueño.

Mecenas de las artes y la cultura, Casellas más allá de jurista fue ante todo un humanista.

Los que lo conocimos sabemos que estos últimos años fueron muy duros para él. Más aún, armado de la incorruptible fe de Job, nunca se quitó ni claudicó en su empeño de luchar de frente y hasta el final por aquello en lo que creyó.

Fervoroso creyente en la bondad de Dios, abnegado en el amor a su familia en las buenas y en las malas, deja el juez Casellas una larga estela de ejecutorias sobre las cuales ir trazando con tino estratégico las coordenadas de nuestro propio porvenir colectivo.

Descanse en paz Salvador Casellas.  

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