Denise Pérez Rodríguez

Punto de vista

Por Denise Pérez Rodríguez
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Sanse 50: entre el esfuerzo, la solidaridad y la alegría

Por décadas mi esposo y yo hemos dedicado un día de enero a las Fiestas de la calle San Sebastián. Como peregrinos subimos y bajamos la celebrada calle sanjuanera sometiéndonos estoicos al gentío apabullante. Hemos tolerado tapones, larguísimas esperas por un autobús en la estación del Sagrado Corazón, hasta más recientemente cuando este trámite se ha tornado ágil y divertido. El año pasado sentí que las fiestas estaban viviendo su mejor momento, la culminación exitosa de un largo proceso de aprendizaje organizativo.

Este sábado 18 volvimos a la SanSe tocados por los eventos sísmicos que ha estado sufriendo la isla. Íbamos entristecidos por sus efectos terribles en la vida de muchos de nuestros compatriotas del sur, y preocupados por nuestra seguridad. No obstante, queríamos apoyar la decisión del gobierno capitalino, a nuestros ojos bien fundamentada y valiente, de seguir adelante con las fiestas. 

Entendíamos que la gente y las ciudades menos afectadas por los acontecimientos tenían una responsabilidad mayor por la recuperación y el bienestar del país. Les correspondía acoger a los más impactados mediante actos concretos y puntuales para aliviar su situación, mientras fortalecíamos nuestra frágil economía. El miedo y la inmovilidad no eran opciones. 

Nuestro día de fiestas no nos defraudó. La naturaleza pareció contribuir a su lucimiento. Permearon el orden {matizado por medidas de seguridad acordes al ciclo sísmico), la creatividad y la alegría. Nuestros hermanos sureños fueron recordados en los eventos artísticos, sus artesanos expusieron y se recogieron donaciones en centros de acopio y lugares especiales para lo monetario. Algunos de nuestros mejores artistas ofrecieron su arte, tal vez con mayor entrega que nunca. Para una Navidad que concluyó como el rosario de la aurora, resultó balsámico escuchar música navideña. Así, en un Teatro Tapia repleto de gente en ropa deportiva, escuchamos emocionados al Coro de Niños de San Juan cantar villancicos clásicos, el Yaucano entre estos, y canciones puertorriqueñas.  

Hoy sabemos que las Fiestas de la calle San Sebastián en su cincuentenario fueron, como un todo, exitosas. Cumplieron su cometido de ser fiesta cultural por excelencia para el deleite y esparcimiento de la familia. Más aun, trajeron a conciencia la capacidad de nuestro pueblo de moverse con gracia entre el esfuerzo, la solidaridad y la alegría. Esperemos que estos valores nos lleven a liberar a Puerto Rico del marasmo en que la situación colonial y la ceguera de nuestra clase dirigente lo tiene atrapado.

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