Rafael Lama Bonilla

Para tu consumo

Por Rafael Lama Bonilla
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Se acabó la fiesta y ahora, a organizar

“La fiesta se acabó y prendieron las luces”. Esa fue la expresión que salió espontáneamente de un banquero puertorriqueño recientemente en una reunión informal, al ofrecer su perspectiva sobre la crisis de Puerto Rico y lo que nos depara en el proceso de resolverla.

La cita, sin duda, se puede prestar para múltiples interpretaciones. Aquí la mía:

Por años, Puerto Rico gastó dinero sin freno, emitió deuda para cubrir gastos operacionales, eligió gobernadores creyendo en sus promesas y cuando no las cumplieron, los fue cambiando de cuatrienio en cuatrienio para ser defraudado una y otra vez. Pasaron los años, la producción mermó, la economía se contrajo, se acabó el dinero y ahora nadie quiere asumir su cuota de responsabilidad.

“Es como cuando estás en una fiesta pasándola cabrón, hasta que se acaba, prenden las luces y todo el mundo se da cuenta de lo que hay.  Prenden las luces y te das cuenta de que la cosa no es tan bonita como pensabas”, reflexionó convencido el banquero.

Sin duda, sus palabras pintan un curioso paralelismo con la realidad que vivimos. El baile culminó y ahora nadie quiere correr con la cuenta. Ciertamente, nadie quiere ver una reducción de jornada en el sector público. Es obvio que el efecto será nocivo.  Pero nadie habla de las alternativas, ni el gobierno ni la Junta de Supervisión Fiscal están hablando claramente sobre el aterrador panorama que nos espera y sobre las estrategias que deberíamos estar mirando para que la recuperación sea lo menos dolorosa posible. Ahora, de que va a doler, va a doler. Eso no lo despinta nadie. Si seguimos la metáfora de nuestro amigo el banquero, después de una noche de fiesta, donde mezclas alcohol,  bizcocho y bailas sin parar, al final, cuando tienes que pagar con tu tarjeta de crédito expirada, lo que te depara es un dolor de cabeza de proporciones épicas y la opción de lavar los platos para saldar tu deuda.

Y es ahí cuando ya me deja de funcionar la metáfora de la fiesta. Porque en ella no se trata de un individuo ni de un grupo selecto, se trata de Puerto Rico y su gente, sus distintas generaciones. Una generación que trabajó toda su vida para lograr un mejor país y ahora se encuentra con un retiro sin efectivo. Otra generación que ha crecido inmersa en contracción económica y que no conoce otra cosa que no sea la isla en crisis.

Puerto Rico no puede seguir remando en distintas direcciones. La situación es crítica. Hay sobre $50,000 millones que no tenemos para pagar las pensiones. Hay precipicios fiscales que amenazan la salud de todo un pueblo. Hay una incertidumbre que paraliza potenciales inversiones, tanto internas como foráneas.

No cabe duda de que se acabó la fiesta. Lo que sí tenemos que entender es que ahora nos toca a todos comenzar a limpiar el desastre que dejaron en el salón, por el bien de todos. Eso no se hace de la noche a la mañana, pero tampoco se puede postergar.

Se acabó la fiesta y ahora, a organizar.

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