Nicolás Hernández Sanabria

Punto de vista

Por Nicolás Hernández Sanabria
💬 0

Se alarga el impacto emocional de la cuarentena

No quiero ser alarmista, pero todo en la vida tiene efectos secundarios. En la cuarta semana del confinamiento para evitar la propagación de la infección con el COVID-19, se han alcanzado logros. Se ha desacelerado el crecimiento de personas afectadas, y así, poner en riesgo a los limitados recursos hospitalarios. Esta cuarentena a tiempo ha impedido que nuestro sistema de salud colapse como en otras partes del mundo. La gobernadora anunció una extensión de tres semanas para alcanzar mejor estabilidad y preparación para entrar a la próxima fase.  Sin embargo, mientras más se extiende una cuarentena, mayor es el impacto psicológico y emocional. 

Así quedó demostrado en una revisión de literatura del impacto psicológico de la cuarentena publicado en la revista médica Lancet el pasado febrero. El artículo “The Psychological Impact of Quarantine and How to Reduce It: Rapid Review of the Evidence”, de Samantha K. Brooks, Rebecca K. Webster y otros co-autores, incluye diez países que sufrieron las epidemias y pandemia del SARS, ébola e influenza H1N1.

El trabajo identifica cinco estresores que influyen en el impacto emocional o psicológico.

1. Duración: a mayor duración de la cuarentena, más impacta la salud mental.  

2. Miedo a la enfermedad: los participantes en los estudios reportaron miedo sobre su salud y a infectar a otros, así como estar más pendientes a los síntomas físicos que pudieran indicar que están infectados. Esto tiene mayor relevancia en personas con historial de trastornos de ansiedad pues puede exacerbar cuadros preexistentes de Trastorno de Pánico y Trastorno de Ansiedad Generalizada, entre otros.

3. Frustración y aburrimiento: causados por el trastoque a la rutina diaria y la libertad de movimiento.

4. Suministros inadecuados: aumenta la frustración y ansiedad. En el pasado, los gobiernos no han sido capaces de asegurar este aspecto, según el artículo. 

5. Información inadecuada: en los estudios citados, la población percibía que le llegaba poca información  o que las guías no eran claras, y se cuestionaba la credibilidad y transparencia de las autoridades de salud y los gobiernos. Esta respuesta la estamos viviendo en Puerto Rico.

La cuarentena es una experiencia no placentera. Implica separarnos de la rutina, familiares, amistades, una sensación de poco control de la libertad y, para algunos, hasta “abuso de poder”.  Genera irritabilidad y coraje aún más cuando no se comprende por qué una persona que no tiene síntomas tiene que quedarse en casa.

En general, los estudios reportaron una alta prevalencia de estrés psicológico y trastornos psiquiátricos.  Los síntomas prominentes fueron depresión, trastornos emocionales, estrés, estado de ánimo bajo, irritabilidad, insomnio, síntomas de PTSD, coraje, sentimientos de duelo e insomnio inducido por ansiedad. A pesar de esto, la cuarentena ha demostrado ser la estrategia preventiva de mayor éxito para salvar vidas en esta pandemia.

Desde hace un mes en Puerto Rico cada individuo, familia y colectivo hemos tenido que afrontar retos de tolerancia, adaptación, frustración, coraje, miedo y hasta pánico.  A esto se le suma la perdida de trabajo y la incertidumbre de cómo y cuándo recuperaremos la economía familiar. Ni la experiencia de huracanes ni la incertidumbre por las réplicas de los terremotos se comparan con la incertidumbre y el miedo a infectarse, morir o perder a uno de los nuestros que esta pandemia representa. A estas alturas, habrá personas adaptadas a la cuarentena y otras habrán desarrollado estrategias de compensación. Pero de igual forma, debe haber personas cuyos límites de tolerancia han llegado a su punto máximo, más aún en aquellas con francos síntomas de un trastorno psiquiátrico. 

Podemos diferenciar a tres grupos impactados: el personal de la salud que atiende a pacientes infectados, personas infectadas, personas aisladas o en cuarentena por haber estado en contacto con la enfermedad y el resto de la población sin síntomas, que por orden ejecutiva, se encuentran en sus casas. Entre todos estos, el personal que trabaja en hospitales es el grupo en mayor riesgo de desarrollar cuadros psiquiátricos, tema que merece una columna aparte. 

Las personas afectadas por el virus, ya sean portadores sanos, con síntomas leves o las recuperadas, presentarán ansiedad que puede ir, desde una reacción aguda de estrés, hasta otros cuadros más complejos. Cabe señalar que pacientes recuperados atravesaron por una experiencia cercana a la muerte o miedo a morir. Por otro lado, los portadores sanos o con cuadros leves enfrentarán el rechazo y aislamiento por conocidos por miedo a contaminarse. El impacto emocional no se queda en la experiencia individual, sino que trasciende a los miembros de la familia y amistades que vivieron la angustia de la duda, la enfermedad y, en algunos casos, la pérdida de su allegado.  Los sobrevivientes de familias en las que ha muerto un miembro por COVID-19 se pueden quedar con una sensación de culpa por haber sobrevivido o haber sido quien trajo el virus a la casa. 

Sobre las personas sanas en casa, la evidencia científica fue inconsistente para identificar factores predictores del impacto psicológico de la cuarentena. Sin embargo, un estudio mostró que los niños sufrieron más síntomas de Trastorno de Estrés Post-Traumatico (PTSD, por sus siglas en inglés) que sus padres. Otro estudio que compara a jóvenes universitarios no halló diferencia entre los estudiantes en cuarentena con los no estaban en cuarentena, lo que da la apariencia que en los jóvenes los síntomas son menores o poco existentes. Esto apunta a que la respuesta emocional será diferente según la etapa del desarrollo en que se encuentre la persona.  En general, el coraje y la irritabilidad parecen ser más prevalentes que la ansiedad entre adolescentes. 

Un subgrupo importante son las personas que padecen un trastorno de uso de substancias o son adictas a alcohol y/o drogas. Estas personas están en riesgo de tener una recaída en el uso de alcohol y sustancias controladas. Este efecto se ve también en respuesta a otras catástrofes.

Al finalizar la cuarentena se ha visto que una cuarta parte de la población presentó cambios en su conducta, evitando lugares concurridos y abiertos. Esto puede influir en la recuperación económica post pandemia.

Además, se vio que las personas seguían lavándose las manos con regularidad.

Las redes sociales están llenas de consejos, chistes e ideas para “matar el tiempo” durante la cuarentena. Si bien es cierto que esta experiencia nos ha regalado la oportunidad de redescubrir a nuestra familia o cohabitantes, no todo es tan idílico. Por cuatro semanas personas han estado viviendo con su agresor, encerrados en la misma casa. Hay familias atendiendo hijos u otros familiares con necesidad de cuidados especiales, sin la ayuda que antes tenían o el descanso de centros de cuido o escuelas especiales. Estas personas podrían presentar el síndrome de agotamiento del cuidador.

El impacto psicológico en las personas puede durar aún culminada la cuarentena. Por todo esto es importante considerar el aspecto emocional de la pandemia. El equipo asesor médico de la gobernadora (Task Force) ha redactado protocolos en el área de la salud mental. Es importante entender que esto es una experiencia inusual que finalizará. 

Si sientes algún síntoma emocional o ideas de hacerte daño, llama a la línea PAS de ASSMCA o pide ayuda a tu proveedor de salud mental. Presta atención a tu estado emocional como has prestado atención a las medidas de seguridad y prevención. Es importante salvar vidas pero también salvar el vivir.

Otras columnas de Nicolás Hernández Sanabria

jueves, 12 de marzo de 2020

La respuesta emocional ante la pandemia

Es normal sentir preocupación y ansiedad ante la imposibilidad de no poder controlar todo este asunto. El primer paso debe ser educarse y mantenerse informado, escribe Nicolás Hernández Sanabria

💬Ver 0 comentarios