Gazir Sued

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Por Gazir Sued
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Seamos más

El verano se fue y con él los amores fugaces y los melodramas de ocasión; y así las pasiones revolucionarias, las ilusiones populistas y los romanticismos nacionalistas; las consignas de barricada y los panfletos hechos baile y canción. Y así, las muchedumbres enardecidas, esas que tanto gritaban y alardeaban “somos más y no tenemos miedo”, se devolvieron a sus habituales calmas; y la normalidad cotidiana -hecha de resignaciones, desencantos y conformismos- reclamó su sitial.

Nada nuevo bajo el candente sol tropical y sus noches de tristezas y alegrías recicladas. En “la calle”, adoquinada, embreada y virtual, solo quedan las minorías protestantes de siempre; todavía embriagadas de esperanza y sedientas de tanta y tanta justicia negada. Ellas son parte indispensable de la reserva moral de este pueblo; las resistencias más tercas en la isla del cordero, que sabiéndose menos y aún con miedo se quedan y no se rajan.

Pero al final prevaleció el “mal menor”; cómplice de los de antes y garante de que solo cambie lo superficial para que en esencia todo siga igual. Y, aunque el descontento generalizado entre la gente es evidente, las élites gobernantes y quienes desean suplantarlas con desacreditados y maltrechos partidos, todavía poseen grandes fuerzas de influencia alucinógena y manipulación ideológica, sedativas de la imaginación y secuestradoras del porvenir.

Cuánto quisiera decirle a la gente buena de esta tierra, cuídense, mis amores, de las melodías hipnóticas de la razón en la voz de esos políticos: a veces desnudan una verdad; a veces la visten de mentira; y casi siempre sus más bellas promesas son máscaras de embaucadores, engatusadores y defraudadores profesionales.

Y si tanta incoherencia te frustra y te hastía, no dejes consumir lo mejor de ti por el pesimismo y el sarcasmo. Recuerda: si la existencia -dolorosa y dura-, y la gente -hipócrita, ingrata y cruel- te hicieron sentir que ser buena persona y hacer el bien no valía la pena; no has aprendido nada bueno de la vida... y te haces parte del problema.


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sábado, 16 de noviembre de 2019

Políticos: ¿locura o maldad?

Gazir Sued indica que la carencia de empatía, la frialdad emocional, la propensión a la deshonestidad, el goce sádico y la compulsión de mentir son cualidades del (des)orden de personalidad de las élites políticas, no como enfermas mentales sino como malas personas

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