Israel Morales

Tribuna Invitada

Por Israel Morales
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Secretos de la Marina

Cuando se habla de la sacrosanta Marina de Guerra de los Estados Unidos de América, muchos hacen la reverencia, otros se asustan y hay quienes tienen terribles historias como los residentes de Vieques y Culebra, que aún esperan porque se limpien sus terrenos de toda la basura química que depositaron allí durante décadas los comandos de la Marina.

Recientemente se supo de un escándalo que dejó mudos a muchos, pero menos mal que tenemos prensa libre, redes sociales y la “Freedom of Information Act”. Empezamos.

Un empresario con sede comercial en Singapur, de nombre Leonard Glenn Francis, “Fat Leonard” para sus panitas, logró pingües ganancias durante años, por medio de contratos con la Marina de Estados Unidos, concretamente con la VII Flota, que controla las operaciones en Asia y el Pacífico oriental. Para que tengamos una idea, son 70 entre barcos y submarinos, 300 aviones y 40,000 efectivos. Venga, es la mayor fuerza naval de Estados Unidos y el sueño de todo empresario.  

La estrategia de Mr. Francis consistía en brindarle servicios de logística, suplido de combustible y provisiones a los barcos, que es un buen negocio cuando es honesto, pero para amarrar sus contratos, Mr. Francis, ciudadano malayo, ofreció de todo a los marinos corruptos. Ya van por 30 los oficiales acusados de recibir prostitutas asiáticas, cenas de $50,000 en suites de hoteles de máximo lujo, sobornos en efectivo de $120,000, relojes suizos Ulysee Nardin de $25,000, botellas de coñac de $2,000 cada una, cigarros Cohiba (fabricados en Cuba comunista, pero igual se los fumaron) y pare de contar.  

La historia está relatada en el sumario del juicio y que detalla The Washington Post. Por ejemplo, para los oficiales del barco “Blue Ridge”, Mr. Leonard organizó cerca de 45 orgías y gastó más de un millón de dólares en comelatas, entradas a conciertos y trajes a medida para los marinos. El descaro era tal que cuando un buque llegaba a puerto seguro (lo de seguro es un decir), allí estaban las limusinas para atender a los marinos y oficiales corruptos, que otorgaban al generoso corruptor información privilegiada. Mr. Francis conocía al detalle las salidas y llegadas de los barcos, itinerarios e informes varios que servían para que su empresa tuviera las mejores oportunidades de “hacer negocio”. En cerca de 20 años, fueron $35 millones en contratos otorgados.  

Este es el caso de corrupción más grande reportado en la historia de la Marina de Guerra de Estados Unidos. Y cuando el Post llama a la Marina para solicitar una reacción, la línea oficial viene de Mr. Mike Kafka (¡qué ironía!), quien responde con un lacónico “estamos tomando esto muy en serio”. No lo dudo. Basta con preguntarle a la esposa del capitán David Lausman, quien aceptó un exquisito regalo de Mr. Leonard: una cartera Versace de $8,400. “Wasa lovely gift”, dijo la doña a una amiga vía email. Pues ya ven, como decía mi abuela María, dondequiera se cuecen habas. Y las de la Marina son caras. 

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