Juan Antonio Candelaria

Tribuna Invitada

Por Juan Antonio Candelaria
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Sentido y grandeza de la Navidad

Como fiesta conmemorativa del nacimiento del niño Jesús, el 25 de diciembre comienza a celebrarse en Roma a partir del siglo III d.C.. En Estados Unidos, tras palmarias posiciones religiosas, comienza su conmemoración en 1607. En 1870 se convierte en festividad oficial, mediante ley firmada por el presidente Ulysses S. Grant. ¿Cuál es el verdadero significado de la Navidad? Se centra en dos solemnidades: el niño Jesús y la sagrada familia. Al celebrar ese hito histórico, debemos centrarnos en lo que representa cada una de las excelsitudes.

Ha nacido “El Gran Perdonador”. Es el nacimiento del salvador de mundo, quien viene a limpiarnos de pecados, proveerá luz, que dirigirá nuestros senderos, alivio a nuestras congojas, sanación a nuestras heridas y perdón de nuestros pecados, cuando hay arrepentimiento genuino. Emularlo, perdonar al prójimo es un esfuerzo que tenemos que fortalecer. Como Paul Boese, hombre de negocios, sentenciaba, “el perdón no cambia el pasado, pero amplía (ilumina) el futuro”.

Ha nacido el “Gran proveedor”. Es el nacimiento del proveedor del mundo, que con su esencia nos mostrará la verdad de nuestra existencia. Y esa verdad es que venimos al mundo a servir. Como decía Gabriela Mistral, en su poema, “El Placer de Servir”, “Dios que da el fruto y la luz sirve, podríamos llamarlo ‘el que sirve’. De manera que ‘quien no vive para servir, no sirve para vivir’”. En fin, el advenimiento del Jesús niño descifra el misterio de la encarnación del enviado, lo que debe ser el propósito del ser humano, el servicio.

Ha nacido, es “El Gran Restaurador”. Al celebrar el nacimiento del niño nos renovamos en amor, concordia, armonía, aceptación y exaltación de diferencias, perdón y paz. Se impone, olvidar rencores y perdonar, para estar a tono con la solemnidad de la celebración. Antitético sería mancillar la solemnidad de la fecha, quedando sometidos a su comercialización. Si en Navidad recreamos el nacimiento del “Gran restaurador”, aprovechemos para retoñar espiritualmente, constituyéndonos en criatura nueva y sensible, conscientes de que no hay distintas razas, salvo una: la humana. Hoy, por virtud del nacimiento del restaurador, nos renovamos en un ser humano que aprenda a respetar preferencias, discrepancias, divergencias, modos de pensar. Ver en cada ser, con sus superficiales diferencias en actitudes, proceder, gustos y preferencias, esencialmente igual en su esencia. En lo cardinal: interioridad, espíritu, mente y alma, somos iguales. Sentimos iguales emociones, reímos y lloramos. Y somos dolidos cuando nos hieren con el vejamen, burla y ataques. La Navidad celebra la presencia restauradora de Cristo que viene a salvar al mundo.

Ha nacido “La luz del Mundo”. En Noche Buena esperamos con ansias esa aurora que anuncia el amanecer del 25 de diciembre. Luz que ilumina corazones mendigos de amor y almas ansiosas de ilusión. La luz que iluminará nuestras familias. Son los destellos de sabiduría para enfrentar la crisis. Que sea iluminación de las mentes de adultos y niños, para que se orienten hacia el bien y aborrezcan el mal, puntuando en nuestros gobernantes. Que un rayo de luz anide en sus mentes y les devuelva los valores y honorabilidad de antaño, para que sirvan al pueblo, no a sí mismos. Esa luz es esperanza para el pueblo.

En Navidad celebramos la unión familiar porque la sagrada familia es médula y foco de celebración. El libro de Charles Dickens, “Un cuento de Navidad” (1843), pone de manifiesto el papel esencial de la familia y su celebración. Así que, en cada familia tenemos que abrir la puerta al Rey de reyes. Felicidades a todos. Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los hombres y mujeres de buena voluntad.

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