Antonio Quiñones Calderón

Punto de vista

Por Antonio Quiñones Calderón
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Separar el grano de la paja

Concluida la histórica jornada pública que desembocó en la primera renuncia de un gobernador puertorriqueño elegido, me parece que está en orden una reflexión sobre los recientes e inéditos acontecimientos de los pasados días, así como del aprovechamiento de sus lecciones para el futuro.

De entrada, reconozco la legitimidad de la mayoría de los manifestantes indignados que exigió la dimisión del gobernador. Pero me alejo de quienes sostienen –como escuché decir a entrevistados por los canales de televisión durante las manifestaciones– que “ha nacido un nuevo país a través de esta ola revolucionaria”, con mano izquierda al aire y puño cerrado.

Me alejo, además, del lenguaje grosero e insultante exhibido por algunos manifestantes, incluidos artistas que sustituyeron el arte con la rudeza semántica y usuarios de las redes sociales que combatieron los insultos del chateo con más insultos, lo que considero una afrenta aprovechando un acto legítimo de pueblo.

Concedo que los manifestantes con reconocido derecho constituyeron una buena parte de las aglomeraciones que se dieron durante los días de protesta.

Sin embargo, y aunque ya es natural en nuestra tropical política puertorriqueña, condeno que personas y grupos ideológicos con intereses ajenos al propósito puntual de las marchas, aprovecharan, como aprovecharon, el río revuelto de ocasión en busca de la famosa “ganancia de pescadores”. A falta de votos, alboroto. Hay que separar el grano de la paja.

Nadie se llame a engaño. En los pasados días no ocurrió, ni siquiera por asomo, lo que se pretende catalogar por unos pocos como un ejercicio de golpe de estado o intentona de eso. Aunque algunos prefirieran un cambio de sistema, no únicamente de gobernador. La inmensa mayoría de los puertorriqueños (si se quiere, redúzcase el 5% o 6%) lo hubiera repudiado.

La mayoría de los manifestantes salió a las calles, precisamente, a hacer bueno su derecho “a pedir al gobierno la reparación de agravios”, de que habla la constitución local y el gobernador decidió acceder al reclamo. En pura constitución no tenía que hacerlo, pero entendió el mensaje, alto y claro.

En lo adelante, seguiremos eligiendo a nuestros gobernantes mediante el ejercicio de la democracia, depositando votos en las urnas a través de los diferentes partidos políticos, de todos, cuyos dirigentes deben haber aprendido la lección de estos días, constituyéndolos en el medio político idóneo para hacer gobierno, buen gobierno.

Eso sí, y ¡qué bueno!, en el tiempo entre elecciones, estará alerta la vigilancia constante y combativa de los puertorriqueños demandando de los gobernantes que el sistema democrático funcione, que los únicos intereses a defenderse sean los del pueblo; que los líderes y todo político en posición del poder público o a la caza de este, estén apegados a la transparencia; que el bienestar, el respeto al pueblo y la honestidad en el ejercicio público sea la línea más importante, comprometida y cumplida de su programa de gobierno.

Pero, nadie lo dude, serán los votos los que seguirán poniendo y quitando gobiernos.


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