Esteban Pagán Rivera

Prórroga

Por Esteban Pagán Rivera
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Se reabre una puerta para Puerto Rico en las Olimpiadas de Invierno

Por primera vez desde 1998, Puerto Rico volverá a competir en unos Juegos Olímpicos de Invierno cuando el sábado en la noche Charles Flaherty salga a esquiar en el evento de Giant Slalom.

Flaherty, un joven de 17 años, nació en Estados Unidos pero ha residido nueve de ellos en la isla, lo que le permite representar a Puerto Rico.

Curiosamente, las Olimpiadas de Invierno han formado parte de la conversación en la isla en la pasada semana. Y no han faltado los cuestionamientos sobre si Puerto Rico debe participar.

Flaherty, no obstante, acaba de reabrirle una puerta a la isla, una que el propio Comité Olímpico de Puerto Rico (Copur) le cerró a los deportistas invernales luego que en el 2002 Michael González no cumpliera con la elegibilidad para representarnos, lo que resultó que el equipo boricua de bobsled se retirara de la competencia después de haber desfilado en la apertura en Salt Lake.

La migración de boricuas hacia Estados Unidos resultará en una mayor cantidad de jóvenes nacidos fuera de la isla, pero de padres boricuas, que podrán representar a Puerto Rico. Esos niños crecerán en un entorno deportivo muy distinto al de Puerto Rico, y por qué no, quizás algunos que se desarrollen en estados norteños se enamorarán del snowboard o lo esquíes. Y no se les debe negar la posibilidad de representar a Puerto Rico.

En Pyeongchang, son varios los países que están participando de la mano de atletas de segunda generación. Por ejemplo, Nigeria compite en el bobsled con tres chicas nacidas y criadas en Estados Unidos, pero de padres nigerianos.

“A pesar de que somos americanas, también somos nigerianas. De hecho, somos nigerianas primero”, dijo la atleta Seun Adigun a Prensa Asociada.

Queda claro que el Copur no tiene dinero para financiar estos deportistas. Pero la participación de Flaherty —cuya familia asumió todos los gastos— también da un vistazo a un modelo económico que el olimpismo boricua podría emular, un tipo de ‘alianza público privada’, en la que el atleta encuentra el apoyo económico y el Copur, luego de evaluar al deportista, sus proyecciones e intenciones, le da el aval.

En el caso de Flaherty y el Copur, ambas partes le sacaron algo positivo a su relación: el atleta obtuvo el aval para cumplir su sueño de participar en unas Olimpiadas, y la entidad ganó representación en los Juegos, además de un compromiso serio de un joven que desea seguir representando a la isla.

No me malinterpreten. Soy un fiel creyente de que el Gobierno debe apoyar económicamente a nuestros atletas, pues la gran mayoría no tienen una familia de alto poder adquisitivo como la de Flaherty. Pero también toca buscar otras alternativas, y casos como el de Flaherty abren otras vías.

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