Eduardo A. Lugo Hernández

Tribuna Invitada

Por Eduardo A. Lugo Hernández
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Seria amenaza a la juventud

En este momento histórico, nuestra juventud se ve amenazada por varios males sociales. El educador Henry Giroux alerta que estamos en guerra contra la juventud. Expone que en el neoliberalismo, los jóvenes son tratados como consumidores, generando una identidad basada en posesiones. Además, el Estado lidia con los jóvenes punitivamente, usando estrategias de cero tolerancia en escuelas y la encarcelación en masa, en particular de grupos tradicionalmente oprimidos. Todo esto en ausencia de verdadera participación ciudadana de la juventud por la degradación de su valor como ciudadanos activos y de trascendencia en las decisiones políticas.

En Puerto Rico, la guerra contra los jóvenes es evidente. La pobreza en esta población está asociada a las altas tasas de violencia. Esta violencia también está atada al acceso a armas, en su mayoría, ilegales. Las escuelas cada día ofrecen menos oportunidades de crecimiento integral. Su estructura adultocéntrica deja poco o ningún espacio a la participación de jóvenes en la toma de decisiones. Enfatiza cada vez menos en el desarrollo del pensamiento crítico y más en la adquisición de destrezas para el mundo laboral.

A esto le sumamos que el liderato del país ha usado la crisis económica de excusa para significativamente reducir el presupuesto a programas dirigidos al desarrollo de la juventud. El Instituto de Desarrollo de la Juventud indica que en el área de Desarrollo Social e Integral ha habido un recorte de 51% en los últimos cuatro años, en Educación 22% y en Autosuficiencia Económica 13%. Además, se aprobó una reforma educativa, con oposición de muchos conocedores del tema. Asimismo los cambios inminentes a la Universidad de Puerto Rico limitarán el acceso a la educación. Y el intento de transformar el sistema de justicia juvenil con disposiciones que alarman a muchos expertos. Todo esto sin la participación de los jóvenes, quienes se afectan directamente. La guerra es clara, el mensaje contuntdente, y las implicaciones para el futuro del país, alarmantes.

Ante este panorama, ya los jóvenes no pueden solo contar con adultos que aboguen por ellos. Por ende, ayer, jóvenes a través de los Estados Unidos se manifestaron por el control de armas, para aumentar la seguridad en las escuelas.

La movilización de jóvenes no es nueva. Varios movimientos han sido clave en propiciar cambio social. Los “Greensboro Four” fueron cuatro jóvenes negros que solicitaron servicio en el área para personas blancas en la cafetería de Woolworth en Carolina del Norte. Al rehusárselo, regresaron a la tienda en múltiples ocasiones hasta que cientos de personas se les unieron y capturaron la atención nacional. El “One Mind Youth Movement”, liderado por jóvenes nativo americanos, pretendía detener la construcción del Keystone XL Pipeline. Recientemente, Nabila Rehman, lideró una lucha de concientización por el impacto en civiles de ataques con drones. En Puerto Rico, jóvenes en los ochenta, lucharon contra el establecimiento de minas en Adjuntas. Además, los movimientos estudiantiles en la isla han sido vitales en la lucha por la educación pública.

En esta coyuntura, Puerto Rico necesita jóvenes que se movilicen y exijan participación y justicia. A veces temo que con nuestra visión paternalista y las críticas a los movimientos estudiantiles, hemos minado el espíritu de nuestros jóvenes. Pero a diario observo a jóvenes llenos de esperanza y con deseos de transformar los problemas a través de la autogestión. Como adultos debemos reflexionar si seguiremos siendo impedimento a su acción ciudadana o si seremos sus aliados en la transformación del país. Usted decide.

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