Cristina Maldonado Caro

Punto de Vista

Por Cristina Maldonado Caro
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Ser profesor en tiempo de crisis

Esta semana educativa, como todo en este semestre, ha sido diferente. Los profesores hemos tenido que salirnos de nuestras aulas (literalmente hablando) y transformar nuestros cursos. La mayoría de las veces nuestras clases se han vuelto un escaparate o hasta periodos terapéuticos para despejar la mente de nuestros estudiantes en medio de las ansiedades colectivas de la epidemia en Puerto Rico. 

En los últimos semestres, las instituciones educativas han enfrentado un sin número de retos para continuar brindando el servicio y mantener la rigurosidad académica. Sin embargo, de igual forma debemos entender que el estudiantado en Puerto Rico enfrenta diversas dificultades para alcanzar sus metas académicas.  

Comencé mi carrera en el profesorado en el semestre de agosto a diciembre de 2017. ¡Excelente año para comenzar como profesora de historia! Justamente cuando en menos de un mes recibiríamos el embate de dos huracanes. Un semestre que terminamos lleno de retos, desempolvando viejas formas de enseñanza como son las fotocopias, las crayolas, los trabajos a mano, en el patio y sin servicio eléctrico. Pero lo logramos. Como digo en mis clases: siempre hay algo en la historia que me cambia la clase.  

El inicio de este año académico 2020 fue “tembloroso”: repasando todas las rutas de escapes, simulacros de emergencia, revisando los artículos de la mochila, etcétera. Y sin advertir que en menos de dos meses nos enfrentaríamos con un enemigo invisible: la epidemia del COVID-19. En ese accidentado proceso de transformar nuestras clases presenciales a la modalidad en línea logramos ver realmente los monumentales retos que enfrentaban nuestros estudiantes. 

Como educadores hemos chocado con la inesperada realidad de constatar que muchos de nuestros pupilos no tienen computadoras o conexión a internet. Además, hemos sido confrontados con la poca cultura tecnológica y lo distante que estamos de convertirnos en una sociedad digitalizada. Algunos de los estudiantes tenían que salir de sus casas para obtener señal de internet y dependían exclusivamente de sus celulares para tomar las clases virtuales, hacer trabajos escritos, presentaciones, entre otros. Sin mencionar los contratiempos con sus niveles de baterías y fallas eléctricas de nuestro sistema. 

¡Ni hablar de los estudiantes que trabajan! Hombres y mujeres que están en la primera línea de defensa; trabajadores en supermercados, farmacias, tiendas por departamentos, laboratorios y hospitales. Los que no se podían conectar en el horario establecido de la clase por estar trabajando, aun así demostraban responsabilidad académica cumpliendo los objetivos de los cursos. Reconozco y agradezco el compromiso de mis estudiantes que, en medio de la crisis han demostrado dedicación y responsabilidad con su vida académica.

Los profesores y profesoras tenemos la responsabilidad de, no solamente transformar e incentivar las mentes de nuestro estudiantado, sino el deber moral de ser un instrumento vital para generar un verdadero cambio y construir ciudadanos de bien. 

Hago un llamado a mis colegas profesores y profesoras para manifestar empatía y entendimiento a nuestros estudiantes durante estos atípicos tempos. A continuar ofreciendo un servicio de primera, no importa en qué campo profesional enseñemos, ofreciendo lo mejor de nosotros y estando disponibles para nuestros estudiantes, asumiendo una genuina vocación patriótica que ofrende a nuestro necesitado país verdaderos agentes de cambio y transformación. ¡Felicidades en nuestra semana!

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