William Ramírez

Tribuna Invitada

Por William Ramírez
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Sexismo y racismo en acusaciones contra dos féminas

Continua la saga de Alma, niña desventajada, puertorriqueña de raza negra, quien en reacción al acoso escolar a que acostumbraba ser víctima, tuvo la osadía de reclamar su espacio en el sistema público escolar. Se defendió de su victimaria, por lo que ahora vive una larga espera por el resultado de su choque con el sistema de des-justicia de Puerto Rico.

También sigue el proceso contra Nina, una joven mujer, activista, detenida en el Centro de Detención Federal en Guaynabo, Puerto Rico, a quien acostumbran mantener en aislamiento o calabozo; y, a quien se le deniega visita familiar, como si se tratara de una terrorista internacional a lo 9-11.

Como si no hubiera casos de criminales que atender, el Departamento de Des-justicia de Puerto Rico descarga sus poderes sobre Alma Yarida Cruz, una niña que se atrevió reaccionar contra su victimaria, cuando el sistema escolar ignoraba su predicamento.  El que otros niños victimarios sean también desventajados, e inclusive de raza negra, no le resta al hecho que a diario en Puerto Rico vemos casos de acoso escolar que el sistema público, y los colegios privados, desatienden; dejando en manos de las estudiantes victimizadas su defensa propia. ¿Cuántos de estos casos han sido referido a los tribunales de justicia?  Que sepamos, el caso de Alma es el primero; si no, sería uno de los pocos, suponiendo que pudiera haber otros casos que no hayan atraído la atención de los medios noticiosos.

En Estados Unidos se lucha a diario contra sistemas de des-justicia que se aferran en tratar lo que antes conocíamos como problemas de disciplina escolar, como si fueran problemas de criminalidad común.  Lo que se conoce como la Vía Directa Entre el Plantel Escolar y el Sistema Carcelario (School to Prison Pipeline); con la coincidencia que allá, como acá, los estudiantes “criminales” son en su mayoría personas de raza negra. 

De acuerdo con data que publicara el Departamento de Educación de Estados Unidos, correspondiente a los años 2013-2014, estudiantes negros son desproporcionalmente suspendidos a tan temprana edad como en la etapa de estudio preescolar; lo que se magnífica cuando los estudiantes además reciben educación especial para atender necesidades relacionadas a su discapacidad. El 67 por ciento de estos fueron esposados y segregados; otros referidos al sistema de “justicia” juvenil correspondiente.

En la mayoría de estos casos, como en Puerto Rico, la niña es suspendida del sistema escolar; en muchos de estos casos sin mediar el debido proceso de ley a que tiene derecho. En Brown v. Board of Education, caso histórico que en 1954 sentó precedente, el tribunal supremo de Estados Unidos resolvió que aun cuando estudien bajo las mismas condiciones, privar estudiantes de minorías raciales [entiéndase también los de educación especial] contraviene el mandato de la igual protección de ley que garantiza la constitución. Según el tribunal, separar estos estudiantes de sus semejantes crea un sentido de inferioridad que podría afectar sus corazones y mentes de una forma irreparable.

Volviendo a Nina, ¿que justifica el trato tan desigual y cruel que ella vive a diario en el sistema de des-justicia federal de Puerto Rico?  ¿Si este es el trato que recibe Nina Droz mientras espera ser sentenciada, un castigo cruel e inusitado que debería herir la sensibilidad de quienes dicen creer en la justicia, cuál será su sentencia?  Está más que documentado que aislamiento de reos por periodos extendidos, no rehabilita; por el contrario, causa o agrava síntomas de salud mental en la persona aislada, aun cuando no padecía de condiciones de salud mental previo a su encarcelamiento.

¿Tan peligrosa es esta joven mujer, Nina Droz, que es tratada como si fuera la “Hanibal” Boricua?  Porque se sigue repitiendo lo que nuestro sistema de des-justicia ignora, la disparidad en la aplicación de nuestros códigos legales cuando se trata de féminas; lo mismo cuando examinamos el trato por oficiales de la policía con mujeres que participan en manifestaciones públicas.  En los casos que hemos resaltado, este mal-trato se extiende a una niña negra y desventajada; y, a una joven mujer que no conforma con lo que se espera de una “dama”; y para colmo es activista política.

Hay que estar pendiente a la culminación de estas dos sagas, ambas emblemáticas de la “justicia” que vivimos en Puerto Rico – un sistema de des-justicia para las minorías y mujeres del país.

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