Arturo Massol Deyá

Tribuna invitada

Por Arturo Massol Deyá
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Si el gasoducto “Vía Verde” existiera hoy

Hace ocho años, el gobierno afirmó que el país enfrentaba una emergencia energética y que la solución era construir un tubo de 93 millas de distancia. El conducto cruzaría pendientes empinadas de la cordillera, le pasaría por encima (o por debajo) a 234 cuerpos de agua, fragmentaría fincas, bosques, pasaría por el patio de residencias, humedales hasta llegar a Palo Seco y la unidad generatriz de la AEE en San Juan. Con un decreto artificial de “emergencia” alteraron todos los procesos administrativos abriendo una llave que le costaría $100 millones al pueblo sin colocar un solo tubo.

Los gasoductos existen, el problema es su configuración. Hoy, cuando enfrentamos una emergencia energética real, me pregunto qué sería de haberse construido esa mal llamada “Vía Verde”. ¿Habrían restituido el servicio más rápido? ¿Habrían evitado cientos de muertes por tener un gasoducto? Ninguno de los problemas energéticos enfrentados y que siguen siendo un fuerte dolor de cabeza tras el huracán se habrían atendido con ese gasoducto.

La Central Palo Seco ni siquiera prendió cuando hacía falta, y no fue por falta de combustible. Perder tiempo y recursos en forzar aquel gasoducto mientras desatendían necesidades críticas del sistema energético fue una negligencia crasa. Tenían el conocimiento de su inviabilidad técnica, tampoco ahorraría nada, ni un centavo por kilovatio hora según un informe técnico realizado por ingenieros del Recinto Universitario de Mayagüez.

Tras el huracán María, fue evidente la gran cantidad de deslizamientos en zonas montañosas. Sin los árboles y sus raíces -como habría sido en la franja de 150 pies de ancho para enterrar un tubo de 4 pies de diámetro- los suelos son más propensos a derrumbes. Vimos cientos tras el huracán arrastrando casas, puentes, carreteras y otra infraestructura por donde habría pasado el gasoducto.

Añada que una de las causales comunes de fallas son las rutas por zonas inundables. Así lo destaca la Oficina de Seguridad de Tuberías del Departamento de Transportación federal. Precisamente, aquel gasoducto recorrería otras 40 millas por valiosos humedales desde Arecibo por Toa Baja hasta San Juan, todos peligrosamente inundados tras el huracán. Qué tal los ríos fuera de su cauce y los daños a la infraestructura vial, ¿se habrían llevado un tramo de tubo en algún punto de su larga trayectoria lleno con gas explosivo?

Intentar vendernos un gasoducto como la solución mágica al tema energético fue un acto de evidente corrupción. En lugar de atender el mantenimiento y fortalecer las líneas de transmisión y distribución, la austeridad, el despilfarro y las malas decisiones desmembraron a la AEE catalizando su bancarrota. Mientras, la red eléctrica sigue siendo nuestra peor pesadilla.

Lo más peligroso de toda esta memoria no es el gasoducto sino saber que muchos de los que merodean hoy, cabildeana espaldas del pueblo y toman decisiones, son los mismos que repartieron contratos a sus “amigos del alma”. Debemos estar pendientes a una agenda energética que pudiera adoptar en palabras “fuentes renovables”, pero que detrás del discurso oculte una farsa como fue llamarle vía verde a un gasoducto.

Listo parece la privatización de la AEE por un rumbo en el que el capital forzará su agenda y no la de un país que necesita autosuficiencia energética con fuentes de combustible limpias, gratuitas, seguras y renovables. A esto añada los vacíos de transparencia de los planes fiscales y de un proceso de privatización a cuartos oscuros junto a la fanfarria política pública. Todo indica un mal augurio para el país cuando el camino racional debería estar despejado para favorecer una verdadera transformación energética.

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