Juan Dalmau

Tribuna Invitada

Por Juan Dalmau
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Siempre de pie

La estabilización de las relaciones exteriores entre Estados Unidos y Cuba constituye un triunfo político y moral extraordinario de la revolución cubana. Pocas naciones han enfrentado el embate de un imperio que todo lo puede. A raíz de la revolución independentista en Puerto Rico de 1950 el biógrafo del apóstol de la independencia de Cuba, José Martí -Jorge Mañach- escribió sobre don Pedro Albizu Campos: “¡Es terrible echar una pelea con las fuerzas que todo lo pueden: la cárcel, la muerte, la torsión de la fama!”.

El heroico pueblo cubano lo ha enfrentado todo: actos terroristas, intentos de invasión, atentados de asesinar a su presidente Fidel Castro, aislamiento y bloqueo. Luego de la caída del bloque soviético, el periodo especial y, la mayor amenaza, el abandono. Lo enfrentaron todo. Pero, al igual que el independentismo puertorriqueño, batallaron con dignidad y honor.

Como dijo Fidel: “Jamás un pueblo tuvo cosas tan sagradas que defender, ni convicciones tan profundas por las cuales luchar, de tal modo que prefiere desaparecer de la faz de la tierra antes que renunciar a la obra noble y generosa por la cual muchas generaciones de cubanos han pagado el elevado costo de muchas vidas de sus mejores hijos. Nos acompaña la convicción más profunda de que las ideas pueden más que las armas por sofisticadas y poderosas que estas sean”. Principios anclados desde las luchas de independencia de siglo XIX.

Hoy se abre un nuevo capítulo en la política exterior de Estados Unidos, no sólo con respecto a Cuba, sino a la América Latina y el Caribe. Atrás queda la política trasnochada de la Guerra Fría y se abren nuevas perspectivas de progreso y desarrollo en la región.

Puerto Rico, que fue ficha clave en el tablero de la lucha entre soviéticos y estadounidenses, y en ese contexto, bastión geopolítico militar, hoy vislumbra un nuevo horizonte. Como dijo un analista anexionista: “Nunca estuvo más lejos la estadidad (anexión), ni más cerca la independencia de Puerto Rico”.

Enfrentamos un nuevo escenario. La colonia fue derrotada por la mayoría de los puertorriqueños en el plebiscito más reciente. La América Latina despierta y a través de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños afirma una identidad propia frente a Estados Unidos. Expresa que Puerto Rico es una nación latinoamericana, declara la región libre de colonialismo e instruye a sus países miembros impulsar el tema de la descolonización de Puerto Rico en la ONU. Por otra parte, Estados Unidos anuncia un reexamen de sus relaciones con el hemisferio a base de su política exterior con respecto a Cuba. Estamos ante una oportunidad histórica para enfrentar el régimen antidemocrático colonial.

También hay que aprender de la Historia. No faltarán los fariseos. Los hipócritas que le hicieron el juego a la política estadounidense contra Cuba y la izquierda en la América Latina. Los que fomentaronque Puerto Rico fuera trampolín militar para las intervenciones contra hermanos nicaragüenses, cubanos, dominicanos, chilenos y panameños, entre otros. Los mismos que en Puerto Rico promovieron, con la excusa anticubana, la persecución antiindependentista, el asesinato y la encarcelación de los patriotas puertorriqueños. Ante los vientos de cambio, ahora pretenden lavarse la cara. A esos decimos, en la tradición cristiana: “No te condeno. Vete; desde ahora no peques más”.

Hoy, celebramos con el pueblo cubano. Firmes en los principios que unieron a Betances y Martí, a nuestras banderas y nuestros pueblos. Y hoy, despejado el horizonte y camino a la victoria, con más firmeza reafirmamos esos principios. Siempre de pie ante el desafío.

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