Tatiana Pérez Rivera

Punto de Vista

Por Tatiana Pérez Rivera
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Siempre serás, Sara

La idea, cuando llegaba a su cabeza, no duraba mucho tiempo allí. Sara siempre encontraba el modo de materializarla, de darle color, forma y espíritu, de revisarla una y otra vez hasta que alcanzara su mejor versión posible. El resultado de ese eterno ejercicio era el producto que otros disfrutábamos; los que la conocimos como universitaria, los aliados en la producción televisiva a la que le dedicó más de dos décadas y los televidentes en quienes siempre pensaba con respeto y decidida a intrigarlos.

Hacer televisión en Puerto Rico es un constante desafío que Sara aceptaba con el empeño de crear algo distinto, aunque a ratos terminara decepcionada por la falta de recursos. Perder el entusiasmo por mucho tiempo no era una opción. ¿Para qué? Siempre había una forma de hacerlo mejor que antes. Al menos ella la encontraba.

Así fue desde sus tiempos estudiantiles en la Escuela de Comunicación Pública de la Universidad de Puerto Rico, y en su paso por distintas compañías de producción, en su extensa trayectoria en el Canal 6 y, ahora, como productora general de ABC Puerto Rico. Era una hormiguita laboriosa con fuerza de superheroe, era suave en su trato y firme en sus peticiones, era capaz de hacer lo que ordenaba porque conocía su trabajo de la A a la Z. Compartía lo que sabía y hacía que otros brillaran de un modo tan sutil, que quien se despistara podría olvidar que el plan siempre fue de ella. De Sara la comprometida, la responsable, la solidaria. La especial amiga de todos los que la consideraban su amiga. La que acentuaba su risa afirmando con la cabeza.

Con el mismo ímpetu abrazó su mayor creación que, curiosamente, no se emitía en ningún canal ni tenía horario estelar. La maternidad acaparó todos sus horarios, sus mejores experiencias, era el guión perfecto de una historia que construía con amor, esmero y paciencia todos los días. Cecilia y Sara. Sara y Cecilia. Siempre juntas, siempre una.

Con ella estaba en el mar que Sara siempre quiso, el que disfrutaba, el que la relajaba, al que retornaba sin falta. El mismo mar que el domingo en la tarde la separó de nosotros y todavía no entendemos su capricho.  

Es complicado aceptar que una de las nuestras acaba de partir, y yo solo puedo verla sonriendo en los pasillos de la Iupi, curiosa en nuestro viaje mochileando por Europa o feliz con su adorada Ceci. Sara Arroyo es alegre, honesta, leal, sincera y embelequera. Es, porque en presente seguirá conmigo. Con nosotros.


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