Sila María Calderón

Punto de vista

Por Sila María Calderón
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Sila María calderón: ¿qué nos ha pasado?

El servicio público y el ocupar cargos políticos en este país solía ser un honor. Y para algunos aún lo es. Pero cada vez son menos.

Tristemente, un puesto en el gobierno o una plaza política son vistos ahora por ciertas personas como una oportunidad para “guisar”, para emplear o favorecer a familiares y seguidores, hasta para robar descaradamente los dineros que le pertenecen al pueblo de Puerto Rico. No se puede ni entender la madeja de relaciones entre las diferentes entidades que supuestamente rinden servicios en oficinas dirigidas por personas electas por nosotros.

¿En qué momento comenzó esta terrible plaga a contagiar poco a poco a nuestro gobierno? ¿Cómo hemos caído en un mal que es ajeno a nuestro honor como pueblo?

No reconozco a mis compatriotas en tantas personas que dicen representarnos o que ostentan cargos de mucha relevancia en nuestro gobierno. ¿Qué ha sucedido?

Lo vimos en la administración anterior a la mía. Más de sesenta allegados, jefes de agencias o legisladores acusados por corrupción con castigos de cumplimiento de sentencias de cárcel, muchas de ellas en prisiones federales.

Algo se ha ido rompiendo en aquella tradición de rectitud y honestidad que había caracterizado a nuestra administración pública. No reconocemos ya a nuestro gobierno. ¿Qué nos ha pasado?

Recientemente participé en una conferencia de prensa para expresar mi oposición a un proyecto de ley que considero un peligro para nuestra democracia. En los últimos años me había inhibido de hacer expresiones públicas que pudieran malentenderse, pues tengo una fundación que sirve a personas desempleadas o de escasos recursos y la he querido proteger de matiz político alguno. Allí trabajamos sin conocer las afiliaciones de las personas que se nos acercan solicitando ayuda. También llevamos nuestros programas por toda la Isla a municipios con alcaldes de ambos partidos.

Sin embargo, no podía dejar de expresarme ante algo en lo que estoy totalmente en desacuerdo y que es de principio para mí. Si de algo podemos sentirnos orgullosos es de nuestros procesos electorales, ya que han sido tradicionalmente limpios.

Al otro día de la conferencia de prensa, un senador de alto rango escribió por internet que yo había “lavado” dinero durante mi campaña a la gobernación. Esto fue una total falsedad de la oposición política veinte años atrás. El mismo día de esa aseveración maliciosa, el jefe de una agencia de gobierno hizo público que comenzaba una investigación sobre el Fideicomiso de Comunidades Especiales, que se creó bajo mi gobierno hace dieciocho años. Rápidamente también se recibieron en mi fundación cartas de cobro de una agencia pública con la que se tiene una deuda de unos meses por el alquiler de dos propiedades. Nos amenazaban con el embargo de dichas propiedades. La directora de esa agencia está muy bien relacionada. ¡Demasiadas coincidencias!

Igualmente se acaba de comenzar en la Legislaturauna investigación sobre una persona bien allegada ahora a mi familia que ni siquiera conocíamos cuando era gobernadora.

¿Qué sucede? ¿Ya no se pueden tener opiniones diferentes en Puerto Rico? Veremos si habrán acciones adicionales volcando la fuerza gubernamental contra mí o mis seres queridos por haberme expresado públicamente contra un proyecto de ley.

No soy persona de dejarme amedrentar. Ahora, más que nunca, alzaré mi voz cada vez que lo entienda necesario. Y así también le pido al pueblo que lo haga.

Contrario a países con regímenes totalitarios, en Puerto Rico la libertad de expresión es un derecho garantizado constitucionalmente. El poder no puede usarse para acallar a aquellos que desean hablar en contra de políticas públicas a ser implantadas o a los que se expresan sobre el mal uso de fondos públicos. Ese dinero nos pertenece a nosotros los ciudadanos. Tenemos, no solamente el derecho, sino también la obligación, de velar por él. Es nuestro. ¿En qué clase de país nos estamos convirtiendo?

¡Despierta, Puerto Rico! Ya lo hiciste este verano. No te dejes asustar. No tengas miedo. Alza tu voz a los cuatro vientos. Sé libre. Que nada ni nadie te quite esa libertad.

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