Benjamín Torres Gotay

LAS COSAS POR SU NOMBRE

Por Benjamín Torres Gotay
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Símbolos y acciones

Cuando a Wanda Vázquez el puesto de gobernadora le cayó del cielo por una jugarreta del destino, casi nadie esperaba mucho de ella.

El país la veía como una figura muy estrechamente vinculada a Ricardo Rosselló, con un desempeño cuando menos discreto, si no del todo vacuo, en el Departamento de Justicia. Se le veía, sin que pueda catalogarse de total locura, como alguien que le costaba olfatear la tremenda peste a corrupción que hace tiempo envuelve la gestión pública aquí.

En la clase política tampoco la tomaban muy serio. En el Partido Nuevo Progresista (PNP) le creyeron cuando dijo, más de una vez, que no tenía interés en la gobernación y por eso, cuando zozobró el intento de Pedro Pierluisi de ser gobernador, en el PNP limpiaron con fragancia de lavanda los salones para hacerle un baile de coronación a Jenniffer González.

Así estaban las cosas hasta más o menos las 10:15 de la noche del 7 de agosto, cuando Vázquez dio su primer mensaje al país como gobernadora.

Conviene detenerse un momento en el contexto de aquellas horas críticas. Ese mismo día, el país había amanecido con Pierluisi aún gobernador, días después de haber juramentado en secreto y bajo una fuerte sospecha, después confirmada, de ilegalidad.

Catorce días antes, Rosselló se había convertido en el primer gobernador del ELA en no concluir su término. Cuando Vázquez empezó a hablar, nadie sospechaba que tan tremenda turbulencia estaba por terminar.

La gobernadora dijo aquella noche lo que el país necesitaba oír. Reconoció la legitimidad de las protestas y manifestó: “Además de responder a un deber, respondo a un emplazamiento colectivo que exige darles estabilidad a nuestras instituciones gubernamentales, pulcritud a los procesos y participación amplia a todos los sectores en el ejercicio democrático que es la gobernanza de un pueblo”.

Agregó que en los próximos días citaría a “los diversos sectores de la sociedad civil y partidos políticos, líderes comunitarios y empresariales, cívicos y religiosos”.

El mensaje, además de dejar claro que no pensaba abandonar la gobernación, dio la impresión de que ella era de las pocas personas en las esferas de poder que había entendido la furia sanguínea del país que estuvo 15 días en la calle exigiendo, entre muchas otras cosas, una sensibilidad distinta de parte del poder.

Fueron señales importantes. En los próximos días, vinieron otras. La manera serena, pero firme, en que hizo frente al movimiento de tropas contra ella que se produjo en el PNP. Un contrato dudoso detenido en la siempre viscosa Autoridad de Energía Eléctrica (AEE). Esas y otras cositas así que, puestas una sobre la otra, le ganaron alguna buena voluntad.

Vivimos tiempos complicados en que los días parecen meses. Da hoy la impresión de que hace mucho más de una semana que Vázquez es gobernadora. Por eso huele a que en la calle la buena voluntad se está agotando. Habiendo ya pasado unos días de Vázquez en el timón,la gente espera que más temprano que tarde empiece a demostrar si va en serio con lo de una nueva manera de gobernanza.

No se sabe todavía, por ejemplo, si Vázquez va a hacer suyo el equipo que era de Rosselló, el cual, salvo raras excepciones, es objeto de un repudio casi tan general como el que se expresaba hacia el exgobernante. Se sabe que, en una semana, una persona que cayó prácticamente en paracaídas no puede rehacer un equipo de más de 100 jefes de agencia. Pero, igual que dio señales positivas antes, podría darlas en esto también.

Ahí están, en sus puestos, por ejemplo, Ricardo Llerandi, director de la Compañía de Comercio y Exportación, y Anthony Maceira, director de la Autoridad de los Puertos. Ambos tuvieron una participación, aunque muy limitada, en el chat que derrumbó a Rosselló. Ninguno de los dos ha explicado cuánto sabían, antes de que se hicieran públicas, sobre las posibles ilegalidades que ahí se discutían y que ahora son investigadas por el Departamento de Justicia.

Está por ahí, como es usual metiéndose en líos, el director de AEE, José Ortiz. Cuando este diario publicó que pretendía firmar un contrato nebuloso, la gobernadora lo mandó a detener. Al día siguiente, Ortiz dijo que el contrato no hacía falta, por razones que de inmediato fueron desmentidas públicamente por FEMA. En los mismos días, se supo que tiene de superconsultor, ganándose más que él mismo y con accesos irrestrictos, a un personaje de un pasado muy controversial en la agencia.

La AEE ha sido el Waterloo de demasiados gobernadores. Ortiz puso a prueba a Vázquez tempranito. Teóricamente, Ortiz no responde a Vázquez, sino a la Junta de Gobierno de la AEE, cuyos miembros no fueron designados por la actual gobernadora y de los que se puede, por lo tanto, pensar que no le responden a ella. Pero habría que ver cómo esas personas podrían mantener en su puesto a Ortiz si la gobernadora dice públicamente que no le tiene confianza.

Y está también el tema de la escolta policíaca que Pedro Pierluisi autorizó para que cuide a Rosselló donde ahora vive, en Virginia, por supuestas amenazas. El país no entiende por qué Rosselló, si se siente amenazado en Virginia, no va al cuartel más cercano allá y lo denuncia como cualquier hijo de vecino, lo cual en este momento es. Suspendiendo ese relajo podría dar Vázquez una señal que seguro sería aplaudida por muchos boricuas.

Esas son solo algunas acciones de gran valor simbólico que nos ayudarían a ver cuánto de verdad Vázquez entendió de lo que pasó en Puerto Rico durante este verano.

Al final del día, no es difícil resumir lo que está en juego aquí: a Vázquez le viene llegando la hora de hacer buenas sus propias palabras (“pulcritud a los procesos y participación amplia a todos los sectores en el ejercicio democrático que es la gobernanza de un pueblo”) gobernando de manera diferente, o dejar claro que simplemente le a va a poner una pinturita al nefasto gobierno de Rosselló y va a seguir llevándonos por la misma vía escarpada por la que nos llevaba aquel a quien el pueblo botó de Fortaleza.

Bien mirado, no es difícil. Solo hace falta que vayamos pasando de los símbolos a las acciones.

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