Nelson A. Vera Hernández

Punto de Vista

Por Nelson A. Vera Hernández
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Similitudes a 10 años de una lucha estudiantil

En un abrir y cerrar de ojos, el tiempo pasa y la memoria colectiva olvida hechos históricos muy similares a eventos de hoy día. A muchos les lleva a pensar que la historia se repite. Hace un buen tiempo aprendimos que eso es incorrecto. No obstante, hay eventos parecidos con actores diferentes.

En el mes de junio del 2020, se cumple una década de la huelga estudiantil que unificó, por primera vez en la historia puertorriqueña, los recintos de la Universidad de Puerto Rico. La consigna histórica fue “Once recintos: una UPR”. Recordamos que el 16 de junio de 2010, entre las 9:30 y 10:00 de la noche, un mensaje de texto recorrió los móviles: “Se acabaron ya las negociaciones yeah!!!! ¡Firmaron ya, al fin vencimos!! Hicimos historia”. Este rotativo fue, y sigue siendo, vocal a la hora de registrar causas, eventos y efectos constantemente (ejemplo de ello los editoriales, columnas y notas) sobre la UPR.

En aquel momento la Junta de Síndicos era el órgano rector de gobernanza universitaria en el segundo semestre del año académico 2009-2010. La Junta encaminó medidas dirigidas a la disminución de un 5% del sueldo de todo su personal de trabajo, disminuir el bono de Navidad, congelar plazas de retirados, aumentar el costo de matrícula de los cursos en verano y disminuir el pago de docentes en los cursos del verano, entre otros.

Fue el estudiantado del Recinto de Mayagüez que alertó que estas medidas tendrían efectos devastadores para la Universidad y comenzó un movimiento en contra de estas. Inmediatamente sus pares gallitos y jerezanas unificaron sus voces ante el reclamo.

Así sucesivamente fueron pasando las semanas, cruzando las fronteras de las unidades del sistema. Síntomas compatibles de situaciones intestinas que ameritan dejarlas saber. Se decía de casos de violaciones directas al Reglamento General de la Universidad. Un ejemplo que aparecía constantemente en los medios sociales era acusaciones de enmendar o hacer cambios a documentos con el fin de obtener beneficio personal.

Luego de más de dos meses de manifestaciones e incertidumbre universitaria llegaron los acuerdos en junio de 2010. El conflicto universitario ocupó su momento y espacio histórico. Con ello, dejaron su huella para futuras generaciones universitarias.

La concienciación de transformación social educativa trajo el instrumento de la no confrontación. Sí hubo casos aislados en algunas unidades universitarias por causa de organismos externos que intervinieron. También la presencia de estudiantes que se mantuvieron activos sin protagonismos y hoy son líderes o profesionales en la medicina, educación, derecho, ingeniería, contabilidad, arte, oficinas, trabajo social, psicología, economía, periodismo, comunicaciones y en sus comunidades (entre muchos).

Hoy día hay varios elementos que nos hacen reflexionar si se aprendió de los eventos del pasado ose continúa obviando las lecciones.

Diez años después, son iguales u otros individuos los protagonistas de las primeras gotas del aguacero: Junta de Gobierno, Junta de Retiro, docentes, no docentes y estudiantado (centennials principalmente). Similar al 2010 es en el segundo semestre de un año académico que comienzan los truenos. Los asuntos bastante parecidos: congelación de plazas; el Retiro; aguantar por un momento el costo de matrícula; menor paga a docentes en los cursos del verano; pensar en una bancarrota; y se une la dificultad de educación remota, entre otros.

Similar al 2010, y ante el crecimiento de la tecnología digital, las redes se han convertido en el principal medio de divulgar situaciones. Se necesita de poco tiempo de leer comentarios para observar la cantidad de eventos en los recintos; estos, de igual o mayor importancia que a nivel central. En algunos casos las personas prefieren el anonimato para evitar acciones en su contra.

Se sienten brisas frías. Es como un paralelismo histórico de eventos que invitan a pensar si es cosa de la historia o de los personajes.

Tal vez algunos nos indiquen que es un déjà vu. Otros volverán a cometer el error de generalizar pensando que la Universidad es solo un recinto. Habrá quien indique que debe ser privatizada. Incluso, aparecerán voces internas reprochando lo comentado. Son las críticas tradicionales esperadas al momento de escribir sobre la UPR.

Puntualizamos que la Universidad es la entidad gubernamental que desarrolla investigación en todas las áreas del saber. También la que (luego de eventos atmosféricos) se tira a la calle para brindar servicios médicos, psicológicos, trabajo social, clínicas legales, diseña estructuras, educa en refugios, construye espacios comunitarios, lleva censos de refugiados, comunica las necesidades, prepara costos de recursos económicos, entre otros y de manera gratuita. En esos días se recuerda que nuestros familiares forman (o formaron) parte de la comunidad universitaria pública. Es más, que tarde o temprano buscan que otros y otras se unan a este activo necesario como un servicio esencial social y educativo.

En la historia de la Universidad han pasado muchos eventos y situaciones. Al colocarlos en la balanza, se observa que pesan muchísimo más los éxitos y aportaciones a la sociedad puertorriqueña. Solo esperamos tener la oportunidad de ser testigos en el 2030 para volver a reflexionar si se aprendieron las lecciones o tropezamos con la misma piedra.

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