Emilio Colón Zavala

Punto de Vista

Por Emilio Colón Zavala
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Sismos: resiliencia para todos ahora

La semana del 28 de diciembre de 2019 al 4 de enero de 2020 Puerto Rico experimentó cerca de 1,100 sismos de distinta magnitud.  Esta actividad sin precedentes ha vuelto a despertar el debate acerca de la vulnerabilidad de nuestras infraestructuras y viviendas.  No puede resaltarse más la necesidad de implantar ahora las lecciones aprendidas.

Los códigos de edificación en Puerto Rico comenzaron a requerir medidas para sismoresistencia en nuestras estructuras en 1987.  Si tomamos en cuenta que para 1980 cerca del 70% de nuestras viviendas y nuestra infraestructura de hoy ya estaba construida, podemos concluir la necesidad de evaluar esas construcciones para verificar si son aptas para este tipo de fenómeno.  Las que vayan a ser reparadas como parte de los programas de reconstrucción deben ser evaluadas y retroalimentadas para atender este riesgo.

Además del problema de la edad de nuestras infraestructuras, está el hecho que el 55%, cerca de 919 mil, de nuestras viviendas fueron construidas ilegalmente.  Muchas de ellas, en lugares inundables (sobre 250,000) y otras en lugares sujetos a deslizamientos (sobre 100,000).  Estas viviendas deben ser evaluadas y se debe tener un programa de mitigación para atender los riesgos de este casi millón de familias.  No podemos dejar de atender esta población.

Recordemos que sobre el 40% de nuestra población vive por debajo del nivel de pobreza para Puerto Rico.  Si utilizáramos el nivel de pobreza en los estados de Estados Unidos ($25,100) este porciento sería mayor.  Como tal, no todos tienen los recursos para contratar la asesoría de expertos en los campos de la ingeniería para hacer dichas evaluaciones y supervisar las obras que requieren.

Este cuadro expresado requiere un programa de cumplimiento con el código de edificación con soluciones holísticas que puedan asegurar su éxito.  Primero, se debe establecer un sistema de calificación de estructuras.  El mismo describiría los niveles de riesgo considerados durante el diseño y construcción.  Por ejemplo, velocidad de vientos, nivel de sismoresistencia, estimado de consumo energético y de agua, entre otros.  En fin, un certificado de resiliencia.

Por otro lado, se debe tener un programa de educación sobre la importancia de cumplir con el código de edificación y medidas que deben esperarse de los profesionales a contratarse.  Recientemente se publicó una guía de resiliencia que debe ser parte de talleres de orientación.  Además, se debe lograr que los profesionales se certifiquen para validar que conocen el código de edificación vigente en Puerto Rico.

Finalmente, para aquellos que no puedan adquirir los servicios profesionales de un ingeniero o arquitecto, se debe establecer una clínica de servicios para realizar las evaluaciones y proponer las soluciones aplicables.  Esta clínica podría incluir la academia para que, en alianza para que profesionales experimentados supervisen, provea experiencia real a estudiantes candidatos a graduación.  Este tipo de clínicas existe ya para las profesiones médicas y para asistencia legal.  Muy bien podrá adaptarse para establecer una “Clínica de Resiliencia Tropical”.

Aún tenemos la oportunidad de cambiar el rumbo y corregir los errores del pasado.  Es imperante que entendamos que el tiempo de implantar es ahora.  No posterguemos más lo que sabemos es necesario hacer.  Manos a la obra.

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