Juan Antonio Ramos

Lo que tengo que decir

Por Juan Antonio Ramos
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“Skipboy”

Mientras disfrutaba de Creed, la más reciente entrega de la saga Rocky, un individuo en la fila de atrás soltaba bostezos que se quedaban con la sala. Supuse que era un abuelito que cayó como palo a los quince minutos de haber comenzado la película. Era la única explicación que se me ocurría, porque la cinta posee toda la acción que se pueda esperar de un filme de este tipo y, además, recupera la excelencia narrativa e interpretativa de la primera muestra de esta exitosa franquicia estrenada en 1976. Ese año obtuvo, entre otros reconocimientos, el codiciado Oscar como la mejor película del año.

Cuando se encendieron las luces descubrí, para mi sorpresa, que el bostezador de marras resultó ser un jovencito de algunos dieciséis años, que estaba acompañado de quien parecía ser su madre. “¡Qué mucha baba!”, le decía el muchacho a la señora. “Bla bla bla…” Deduje que a lo que se refería el aburrido adolescente era al diálogo eficaz que se emplea en la entrañable relación surgida entre Rocky Balboa (Sylvester Stallone) y Adonis Johnson (Michael B. Jordan), recurso que salva a la película de caer en las fórmulas trilladas propias del mundo boxístico.

Tal parece que a partir de los ochenta algunas personas nacen con un control remoto en la mano. Es gente impaciente que tiene la mente llena de estímulos que los “pompean”, que les revuelcan la adrenalina, y sobre todo, que los libran del aburrimiento. El botón del control que más utilizan es el de “skip” porque les permite saltar los momentos aburridos de la vida.

No se rompen la cabeza con nada profundo, no hablan del dolor ni del sufrimiento, pa’ fuera la “depre”, lo que importa es seguir “a fuego” en la onda de la buena “vibra”. De otra parte, ellos nacieron para ser famosos, para figurar en el primer plano, así que aprietan el botón de “skip” para acelerar ese proceso.

Esta gente inquieta no sabe esperar su turno. Son los niños que se cuelan en la fila del comedor, del cine, y hasta de la primera comunión. De adultos siguen la costumbre de la coladera en cuanta fila se encuentran. En la autopista se meten por el paseo para evadir los tapones.

En mi generación se hablaba bien de la paciencia y la perseverancia. Sabíamos que si deseábamos obtener algo en la vida teníamos que estar dispuestos a sacrificarnos y a tener paciencia. Yo obtuve un doctorado de la Universidad de Pennsylvania (Ivi League) y mi ilusión era ser profesor en la Universidad de Puerto Rico. Nada fácil, porque había otras personas bien preparadas que aspiraban a lo mismo.

Sometí mis expedientes en el Departamento de Estudios Hispánicos y esperé a las convocatorias. Mientras tanto, me desempeñé como profesor en la Escuela Secundaria de la Universidad. Acepté trabajar a tiempo parcial en Estudios Hispánicos, ofreciendo cursos en las noches y los sábados. Eso lo hice por más de un lustro hasta que por fin me pude incorporar al Departamento como Catedrático Asociado.

Mi tesis doctoral se convirtió en una obra de consulta para muchos estudiosos. El crítico literario Benjamín Torres Caballero dijo que era “la mejor monografía sobre la novela del dictador en Hispanoamérica escrita hasta el presente”. Cuando quise publicarla en la Editorial del Instituto de Cultura Puertorriqueña tuve que someterla al comité de lectura para su aprobación. Una vez aprobada, se colocó en una lista de espera.

Hace unos años el doctor Ricardo Rosselló hizo su ingreso como profesor en el Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico, sin someterse a las exigencias que acabo de describir arriba. “La plaza otorgada a Rosselló Nevárez fue diseñada específicamente para él, y nunca fue anunciada internamente para que los demás profesores cualificados pudieran solicitarla y competir por el puesto”, aseguró Linda Orta, Presidenta de la Asociación Puertorriqueña de Profesores Universitarios.

Asimismo, publicó su libro Un mejor Puerto Rico es posible en la Editorial de la Universidad de Puerto Rico obviando todos los requerimientos que impone la editorial para estos fines.

Medios noticiosos informaron que “el doctor Ricardo Rosselló les robó el turno a escritores que llevaban años esperando la publicación de sus obras”. Mayra Santos, escritora y asesora de la editorial, “confirmó que la administración no dio prioridad a varios autores que tenían contratos allí”.

El nuevo capricho de “Ricky” es convertirse en gobernador de Puerto Rico. ¿Cuáles son sus credenciales para ocupar ese cargo? Cuando este hijo de papá se antoja de algo, oprime el botón de “skip” para saltar los escollos que lo separan de su objetivo. Hasta ahora el truquito le ha funcionado. Nuestro “Skipboy” nos habla de traer la estadidad para esta Isla y se jacta de sus contactos en Washington. Orren Hatch es uno de sus panitas. ¿Les suena ese nombre?

Este es un país de “chijí-chijá” y la política es su “field-day”. Nuestra inmadurez y fanatismo nos han hundido. Y lo peor de todo es que no aprendemos la lección. He oído decir que “cada pueblo tiene el gobierno que se merece”.

¿Nos mereceremos a “Ricky”?

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sábado, 28 de julio de 2018

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