Aysha Concepción Lizardi

Punto de vista

Por Aysha Concepción Lizardi
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Sobre biombos, violencia y criminalidad

A pocos días de la balacera que cobró la vida de varias personas en el residencial Ramos Antonini, las redes sociales se han visto abarrotadas de comentarios sobre la crueldad de los pistoleros que ponen en riesgo la calidad de vida de niños y familias en estas comunidades. Pero ¿a alguien se le ocurre pensar que algunos de esos pistoleros pudieron haber sido niños que presenciaron actos de crueldad como estos en sus hogares y comunidades?  

Mucho se habla y se criminaliza a estos pistoleros que les arrebatan la paz a los niños y niñas y a sus familias, pero poco se enfatiza en los factores que incrementan las posibilidades de que un joven incurra en actos delictivos y violencia, y con ello la posibilidad de identificar los factores para prevenir actos de violencia como estos. La psicoanalista francesa Francois Dolto en su libro “¿Niños agresivos o niños agredidos?” aludía al historial de violencia de muchos de los niños que atendía en su clínica, descritos como violentos o agresivos. 

Durante casi 30 años de experiencia en el ofrecimiento de servicios psicológicos ininterrumpidos a niños, jóvenes y familias que presentan conductas y actitudes violentas, Familias CAPACES Inc., ha reconocido factores de riesgo que propician la violencia y el uso de drogas y alcohol. Algunos teóricos identifican algunos de los siguientes factores de riesgo a la violencia: 

•  Historial de violencia intrafamiliar y maltrato de menores en la niñez de los padres

•  Pobres destrezas de crianza y disciplina

•  Falta de vínculos afectivos sólidos 

•  Falta de supervisión 

•  Pobre manejo de emociones y control de impulsos 

•  Actitud favorable hacia la violencia 

•  Abuso de drogas y alcohol

•  Pobres expectativas académicas y sociales

• Un ambiente tóxico caracterizado por la violencia

•   Un ambiente marcado por la pobreza

• La imposibilidad de acceso a los recursos para satisfacer las necesidades físicas y psíquicas básicas humanas. 

Todo lo anterior produce un desgaste en el nivel y calidad de vida de estos niños, niñas y sus familias, sobre todo, si no se atiende con premura. 

La violencia es un asunto complejo y existen estrategias multiniveles basadas en evidencia científica para combatirla y prevenirla. Además de atender la desigualdad social, los científicos han reconocido programas estructurados de apoyo familiar y formación parental, así como programas de mentoría a largo plazo que les permitan a los jóvenes identificar modelos adecuados a seguir. 

La fiebre no está en la sábana. La violencia no se combate con violencia, ni prendiendo biombos en las patrullas de policía. Hay que aproximarse a la violencia con tesón, pero sobre todo con rigor científico y con amor. 

La autora es psicóloga clínica, profesora en la Universidad Carlos Albizu, y dirige la entidad sin fines de lucro Familias CAPACES, Inc. Esta entidad ofrece servicios psicológicos en comunidades marginadas por la violencia, auspiciados por la Administración de Familias y Niños, la Administración para el Desarrollo Socioeconómico de la Familia y la Comisión Especial Conjunta de Donativos Legislativos, entre otras.

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