Milagros Rivera Watterson

Tribuna Invitada

Por Milagros Rivera Watterson
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Solidarios y esperanzados ante riesgo de otro ciclón

Estamos en el mes considerado por los expertos como el periodo pico de la temporada de huracanes. Ante la aparente proximidad de un nuevo ciclón, resurgen las preocupaciones ya que son miles las personas que no se han recuperado del impacto del huracán María, ocurrido hace casi un año.

El anuncio de otro fenómeno atmosférico revive experiencias que, por haber sido traumáticas, siguen vigentes en nuestra psiquis y afectan nuestras reacciones ante el posible embate de otro periodo de mal tiempo. Por eso, la gente abarrota las tiendas y avanza con carritos llenos de cajas con agua embotellada y alimentos enlatados.

En algunos casos, en los supermercados se perciben unas ansias de acaparamiento total. Entiendo la situación porque mi esposo y yo pasamos por eso. Conocemos la angustia que representa no conseguir agua ni alimentos una vez pasa un huracán. Sin embargo, no podemos exagerar comprando en exceso porque a la larga podríamos afectar a otros que no tienen suficiente poder adquisitivo para comprar grandes cantidades de la mercancía de emergencia. Entonces, ese otro segmento de la población podría quedar sin lo fundamental durante una emergencia.

No debe olvidarse que lo que recomiendan los expertos es tener abasto para 10 días, aunque a muchos de ustedes esto les parezca insuficiente.

Tener que enfrentarnos a otro huracán cuando no nos hemos recuperado de la secuela de Irma y María es preocupante. Somos parte de un archipiélago caribeño y estos fenómenos son parte de lo que tenemos que afrontar cada año. Reconocerlo nos sirve para prepararnos materialmente, para tomar precauciones y asegurar vida y propiedad.

Sin embargo, ante la terrible realidad de las familias que viven bajo toldos azules porque los techos de zinc de sus casas quedaron destruidos por el huracán María, tenemos que procurar acción civil. Hay muchas personas que viven en comunidades con carreteras desechas, puentes destruidos, lugares en riesgo de derrumbe y es necesaria la solidaridad vecinal.

Enfrentamos a Irma y María de muchas formas. La resiliencia social ha imperado. Así que ante nuevos desafíos no nos podemos desesperar. Nuevamente, nos tenemos que preparar. Si no nos afecta, qué bueno. Pero de lo contrario, hay que trabajar unidos otra vez por nuestra familia y nuestro país. Mientras, no perdamos la esperanza. Mantengámonos firmes para unidos vencer cualquier dificultad.

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