José Caraballo Cueto

Tribuna Invitada

Por José Caraballo Cueto
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Soluciones extraordinarias

La crisis fue causada principalmente por una economía incapaz de crecer. Por eso, la solución real a la crisis es desarrollo económico que beneficia a los inversionistas y a Estados Unidos.

Al permitir herramientas económicas, Estados Unidos puede atender parte de su responsabilidad compartida con esta crisis. Por ejemplo, este país destruyó rápidamente la economía local al eliminar las 936 sin proveer sustitutos, bloqueó la posibilidad de reestructurar la deuda a tiempo y limitó la competitividad de nuestras exportaciones con las leyes de navegación. De hecho, la primera propuesta es que eliminen las leyes de cabotaje. Estas son rechazadas por una amplia mayoría de todas las ideologías. No le costaría nada al erario estadounidense, reduciría nuestro costo de vida e incrementaría las importaciones desde Estados Unidos.

La segunda propuesta es flexibilizar las visas turísticas internacionales, como hicieron con Guam. Tercero, permitir excepciones al comercio interestatal, como hacen San Francisco y Nueva York, y fortalecer la regulación del “transfer pricing” de las multinacionales detallistas. Así, se podrían desarrollar las empresas infantes locales. Estas dos propuestas tampoco le cuestan al erario norteamericano.

Cuarto, subir a 30 el tope de horas que una puede trabajar para recibir beneficios del estado. En Puerto Rico una de cada cinco personas trabajadoras son pobres. Esta situación se aliviaría si pudiesen complementar sus ingresos con estos beneficios. Actualmente, estas personas tienen que escoger entre trabajar unas horas adicionales o recibir los beneficios. Desde una perspectiva dinámica, esto no le costaría mucho al erario estadounidense ya que recibirían mayores recaudos dado que las exportaciones estadounidenses aumentarían.

Quinto, incluir los futuros bonos de nuestras corporaciones públicas en el Capítulo 9 o permitir una ley de quiebras local. Así se lograría igualdad con los estados y municipios que emiten deuda en el mismo mercado financiero que Puerto Rico. Esta igualdad tampoco le cuesta al erario norteamericano.

Otras medidas buenas que se han propuesto son: proveer una nueva política industrial encadenada a los sectores locales, formalizar el crédito federal al impuesto a las foráneas, parear los fondos Medicaid y Medicare y el suplemento a los beneficiarios del Seguro Social, terminar el estatus colonial, endosar una emisión de bonos locales para refinanciar la deuda y extender el Earned Income Tax Credit a Puerto Rico, entre otros. La reducción en el salario mínimo no es recomendable ya que desincentivaría el trabajo, aumentaría la pobreza y reduciría la demanda agregada.

Hay un escepticismo legítimo de que el Congreso no quiere implementar estas merecidas reformas económicas. Sin embargo, quiero creer que el gobierno estadounidense entiende que sin desarrollo económico, Puerto Rico estará en una situación aún más delicada gracias a la austeridad que impondrá la Junta de Control Fiscal: habrá más migración y bajará la base contributiva, creando incluso más incertidumbre para los inversionistas.

Situaciones extraordinarias merecen soluciones extraordinarias.

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