Celestino Matta Méndez

Punto de Vista

Por Celestino Matta Méndez
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Somos lo que somos en los Estados Unidos, y nada más

El gobierno federal nos impone juntas, monitores, síndicos, coordinadores, para que intervengan con las asignaciones de fondos federales a la Isla. Y filtran, reducen o restringen su envío. Y por ello nos quejamos, refunfuñamos, protestamos. ¿Pero por qué tanta conmoción, tanto disgusto, cuando sabemos que carecemos de poder para evitarlo? ¿Y por qué carecemos de poder? Sencillamente porque somos lo que somos en la nación, y nada más. ¿Y qué es lo que somos?  

Somos: desde el 1898, por ciento veintidós años, un territorio perteneciente a, o formando parte de, los Estados Unidos de América. Con la concesión de la ciudadanía americana en el 1917 y con la concesión en el 1952 de un gobierno territorial autónomo al que se le llamó “Commonwealth” o Estado Libre Asociado. Por lo demás, un territorio bajo los poderes plenarios del Congreso, según dispuesto por la Cláusula Territorial de la Constitución Federal. Sin nunca haber adquirido soberanía nacional, ni bajo España ni bajo los Estados Unidos. Estamos bajo la soberanía de los Estados Unidos y su poder absoluto sobre los territorios. 

Somos: ciudadanos americanos que carecemos del derecho a votar en la selección del presidente de la nación. No votamos por el presidente, aunque absurdamente comparecemos a las convenciones de los dos grandes partidos nacionales, Republicano y Demócrata, para en dichas convenciones votar en la selección de los candidatos presidenciales. Hasta los que se oponen vehementemente a que se nos conceda el derecho a votar por el presidente, comparecen y votan en la selección del candidato que entienden es el idóneo, pero oponiéndose tenazmente a que nuestro pueblo pueda participar en su posible elección como presidente. Inclusive les corren campañas en la isla para la recolección de fondos que nutran las arcas de sus campañas publicitarias. Pero ni pensar que podamos en la isla votar por esos candidatos.   

Somos: ciudadanos americanos que carecemos de representación en el Congreso. No tenemos derecho a votar por la aprobación o rechazo de las leyes federales, no importa su impacto en nuestra Isla. Únicamente contamos con un Comisionado Residente que tan solo puede aspirar a obtener logros para nuestro beneficio mediante el cabildeo con los congresistas; solo voz, cero voto. 

Somos: ciudadanos americanos que no contribuimos al erario federal mediante el pago de contribuciones, lo que a muchos otros ciudadanos en la nación los lleva a cuestionar o a oponerse al monto de las asignaciones federales que recibimos, sobre todo ante la inefectividad en el uso de las mismas, o por su despilfarro.   

Somos: ciudadanos americanos que por ciento veintidós años, nos hemos mantenido en un inmovilismo político total. No ha habido voluntad de pueblo para en forma definitiva y contundente votar por la culminación de nuestro estatus territorial, ya sea como un estado dela Unión o como una república independiente. Nos han mantenido en el estatus territorial escuchando pronunciamientos de que el territorio se puede desarrollar o culminar, mediante un “enhancement”, con unos beneficios equiparables a los de un estado, o tal vez superiores. Sin embargo, al cabo de todos esos años, cuáles son y cómo los lograremos, es un secreto muy bien guardado.   

Somos: ciudadanos americanos que escuchamos sin cuestionar el otro pronunciamiento de que  podemos salirnos de la Cláusula Territorial, dejando de formar parte o de pertenecer a los Estados Unidos, logrando la independencia, la plena soberanía, pero negociando con los Estados Unidos  un tratado, convenio, o pacto, de libre asociación, que permitirá  retener nuestra ciudadanía americana y muchos, o tal vez todos, los beneficios y derechos que tenemos como territorio, y muchos más que obtendríamos como república fuera de la Cláusula Territorial. En otras palabras, logrando mayores beneficios que los que tenemos como territorio, o los que se obtendrían como estado de la unión.  

Somos: ciudadanos americanos que aceptamos con indiferencia cómo algunos políticos de nuestro pueblo levantan sus voces para insultar al presidente, uniéndose a otros en la nación, inclusive algunos congresistas y políticos. Se atreven a presentar, en diversos foros, una imagen distorsionada de nuestra realidad política, desacreditándonos como un pueblo que no puede ni debe mantenerse unido a los Estados Unidos; con pronunciamientos y actitudes claramente antiamericanas. Y lo hacen cantándole loas al socialismo y a gobiernos dictatoriales como los de los Castro en Cuba y Maduro en Venezuela.      

Somos: un pueblo que transcurridos ciento veintidós años no hemos podido resolver nuestro estatus político. Administrando el territorio, por azules y rojos, en un partidismo político a ultranza e intolerante, que nos ahoga y que ha obstaculizado un desarrollo económico sólido y sostenible. Habiendo recibido durante ese periodo de tiempo millones, o billones, o tal vez trillones de dólares  en  asignaciones federales, sin ningún adelanto, pero bajo la vergonzosa realidad de que por años y años el gobierno ha venido erosionando sus finanzas, sin planificación, hasta desembocar en la quiebra del país; con servicios esenciales de energía eléctrica, de agua, de salud, de educación y seguridad, vías públicas, etc. que bien podrían catalogarse como tercermundistas; sin poder acceder a los mercados financieros; desacreditados como gobierno progresista del siglo 21; maculados por una dilapidación de fondos públicos, por la corrupción y el fraude gubernamental y privado. Y tristemente viendo cómo esta situación no se disipa, sino que se agudiza.     

¿De qué valen nuestras protestas? ¿Qué podemos hacer? Bajo la realidad innegable de que si nos movemos fuera de la Cláusula Territorial dejamos de pertenecer o formar parte de los Estados Unidos, sólo tenemos dos opciones: 

1. Estadidad. Formar parte de la Unión como un estado más con plenos derechos y obligaciones. Como un país soberano que opta libremente por unirse a una federación de estados, que conforman los Estados Unidos de América. 

2. Independencia, ya sea plena, monda y lironda, o independencia con una libre asociación con los Estados Unidos, mediante un tratado, convenio, acuerdo, etc. Pero en ambos casos una república soberana e independiente que ha dejado de formar parte o de pertenecer a los Estados Unidos. 

Somos lo que somos en los Estados Unidos, y nada más. Así que, ¿por qué tanta agitación y protestas cuando detienen, filtran o condicionan el envío de fondos federales para que podamos enfrentar los embates de la naturaleza y la crisis económica? Muy poco podemos hacer para evitarlo. 

Después de ciento veintidós años, ¿habrá llegado la hora de cambiar nuestro estatus político, de dejar de administrar el territorio, por unos y por otros, y que ha desembocado en una catástrofe económica? Considero que estamos pasados de sentarnos a pensar detenida y cuidadosamente al respecto. Pero antes tenemos que exigirles a nuestros líderes políticos que nos expongan, que nos expliquen, sin ambages, con honestidad y sinceridad, con responsabilidad moral y patriótica, lo que significa y conlleva para nuestro pueblo cada una de las alternativas de estatus que se presentan. ¿Será esto posible? Ante la realidad que vivimos, por lo menos debemos intentarlo.  

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