Rolando García

Punto de vista

Por Rolando García
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¿Somos realmente vulnerables?

Como ingeniero estructural, tengo que reconocer que el miércoles, 24 de septiembre de 2019 pasará a nuestra historia como una fecha particular. Esa noche, a las 8:14 p.m. y mientras muchos nos guarecíamos de las lluvias y vientos de la tormenta tropical Karen, sentí una incómoda vibración y un leve, pero peculiar, ruido que resultó ser una réplica del temblor de magnitud 6.0 registrado la noche antes, a 44 millas al noroeste de Aguadilla. 

Al confirmar a través de reportes en línea que en efecto fue un movimiento telúrico, recordé con mucho respeto a quien fuera un gran mentor, el Dr. Ali Saffar, quien fue mi profesor en el área de diseño y de estructuras. El Dr. Saffar, mientras nos enseñaba cómo combinar apropiadamente las cargas a las que puede verse sometida una estructura durante su vida útil, hacía referencia de forma jocosa a lo que sería la “furia de Dios”. 

Es sumamente improbable, aunque posible, que eventos extremos con periodos de recurrencia altos coincidan en un mismo tiempo y espacio, aunque así haya ocurrido en esa curiosa noche. Aunque los efectos a la infraestructura no fueron mayores, fue un recordatorio tácito del poderío que tiene la naturaleza y de la relevancia de la posición geográfica de nuestra isla.

Siendo una isla tropical, nos es sabido que Puerto Rico está a la merced de la fuerza de tormentas y huracanes. Basta recordar lo ocurrido hace escasamente dos años con los huracanes Irma y María. Interesantemente, pocos recordamos que nuestra isla fue estremecida en octubre de 1918 por un potente terremoto que se estima alcanzó una magnitud de 7.3 en la escala Richter y un tsunami provocado por este. Eventos similares ocurrieron en noviembre de 1867 y en mayo de 1787. Debido a que el más cercano de estos eventos ocurrió hace más de 100 años, muchos puertorriqueños no están conscientes de que vivimos en una isla con alto potencial sísmico, a pesar de que estamos rodeados de fallas geológicas que tienen la capacidad de generar terremotos potentes. Un simple cálculo del promedio de años entre terremotos significativos nos presenta que pronto podríamos experimentar otro similar.

Desde el punto de vista estructural, los terremotos afectan de forma muy distinta las estructuras que como lo hace un huracán. Por tanto, es común que edificaciones que no se vieron afectadas por los efectos de un huracán sí puedan sufrir daños a raíz de un sismo, y viceversa. Esto resulta así porque, de forma simplificada, las cargas ambientales a las que se ve sometida una estructura a raíz de viento son principalmente función de la velocidad del viento (al cuadrado) y al área siendo impactada por dicho viento. Por otro lado, las cargas generadas por movimientos sísmicos son función de la aceleración del suelo en el que está cimentada la estructura y de la masa y rigidez de la misma. Es por esto que una estructura de madera, liviana y flexible, no sufre tantos daños en un terremoto como una de hormigón, que es pesada y rígida.  

Hago hincapié en que las estructuras deben haber sido diseñadas apropiadamente porque el diseño estructural de edificaciones de hormigón para resistir cargas sísmicas contempla que las estructuras sufrirán daños para disipar la energía del terremoto, pero pretenden evitar el colapso. Esta filosofía de diseño permite salvaguardar vidas manteniendo los costos de construcción accesibles. Ahora, el diseño estructural trasciende la geometría exterior y la creencia de tamaños estándar para estructuras similares. Además del tamaño de las paredes, vigas y columnas, la posición y cantidad de acero de refuerzo a utilizarse es crítico en el comportamiento adecuado de la estructura. 

En el argot de los ingenieros estructurales, se le reconoce al hormigón como un material noble, dado que para condiciones de diario resiste satisfactoriamente la mayoría de las cargas que le son sobrepuestas. Un sismo potente no es un evento de diario, por lo que es meritorio hacer una evaluación rigurosa de nuestra infraestructura para minimizar los daños y la pérdida de vidas ante un evento como el que nos depara el futuro.

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