Annie Alfaro

Punto de Vista

Por Annie Alfaro
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Soy creyente en un Dios de inclusión y respeto

Soy creyente pero mi Dios no tiene que ver con tanta corrupción ni engaños. Más aún, no se alinea con partidos políticos ni mete mano en elecciones... De eso se encargan los hombres, la tecnología, redes sociales y líderes sin escrúpulos.

El libre albedrío ha dejado huella y en ocasiones, no la mejor. Por eso, cuando veo grupos religiosos coreando, gesticulando para que el cielo se abra y el mar se retire para darle paso a un candidato o candidata en una posible contienda electoral, me acuerdo de aquel “dogma” de separación de iglesia y Estado que muchos tiraron por el inodoro y llegó al Mar Negro.

El movimiento fundamentalista se hace eco de grupos y masas. Se alinea con creencias para eliminar la conciencia individual y pensante. La intolerancia se disfraza de cordero y ataca como lobo para censurar antes de analizar. La libertad de pensamiento y acción sufre antes de demostrar respeto y equidad. Es más fácil seguir a la nada que abrir camino sin señalar. Y de eso se ha tratado la política en Puerto Rico en las últimas décadas. Los candidatos, muchos pobres en sentido común, se unen a una masa encefálica de fanáticos sin compromiso con el alma y sentir de Puerto Rico. El poder enloquece y contamina. Los que se atreven a pensar, los chupa el tubo ... 

Por eso, cuando vi a la gobernadora orando junto a un grupo de “ministras de Dios” busqué el rostro de ese Ser Superior y no lo encontré. Nunca acudió a la cita. El templo y los fariseos a sus puertas no se olvidan. Difícil mezclar religión con política. Requiere honestidad y empatía. 

Sí, soy creyente, en la gente buena que trabaja, en el vecino que te da la mano, el maestro que saca de su bolsillo para que al alumno lo le falte nada, en el amigo que no juzga y te quiere igual, en el boricua que gana el mínimo y saca para socorrer a los damnificados, en la compañía que rompe el techo de cristal, en el abuelo que cría al nieto, en la madre soltera que no se quita, en la juventud que no come cuento. Sí, esa es mi religión, la que no discrimina y enriquece la voluntad de un pueblo... 

No siempre fue así. El camino enseña, los  rostros no se olvidan y las huellas no se borran con la lluvia. Las luchas son historia. ¿Tanto nadar para morir en la orilla? Que se lo digan a García Lorca, Betances, Luisa Capetillo, Schindler, Martin Luther King, Gandhi, Madre Teresa, Mandela, Rosa Parks y a todos los que creen en un nuevo pensamiento de libertad, entrega y futuro. Los que enriquecen el conocimiento saben de lo que hablo. En un mundo “global” las oportunidades con sus diferencias nutren la esperanza y la diversidad. 

Y ahora, en esta Isla de la Resistencia, el destiempo pasa factura... la Perla del Caribe se mira frente al espejo de todo lo alcanzado y perdido, de una rápida industrialización, de efectos sociales desfavorables, decadencia agraria y ola migratoria. La prosperidad acabó a mediados de los años setenta y desde entonces Puerto Rico no ha podido retornar al alto crecimiento económico vivido en esa época. Ahora, quiebra económica y moral, junta fiscal, corrupción, resiliencia, huracanes, terremotos y una isla que se humilla y se hunde. Un panorama difícil que necesita de hombres, mujeres valientes, comprometidos y con voluntad... con manos a la obra que amerita el momento y corazón diáfano que reclame a un Dios no político, ni voluntarioso o vengativo. Ese Dios se distancia de todo lo que huele a partidismo y acoge el pensamiento colectivo de inclusión y respeto. 

Por eso, en estos tiempos del cambio, la naturaleza es clara en su mensaje, ¡basta ya! Hay que recapacitar para vivir. En estos tiempos de cambio, la historia no miente, lo que hay no sirve y se sigue reciclando. Es un chat sin final, es una charrería instaurada, una justicia sin consecuencias, son toldos, almacenes y conciencias en el olvido.

El Guiso es grande para los que están convidados... el resto come tierra mientras raja la papeleta.

Sí, soy creyente en la gente buena que piensa, exige transparencia y finalmente separa la paja del trigo. Y no hay Dios que intervenga. Ese Dios sabe mucho.

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martes, 25 de febrero de 2020

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