Astrid Díaz

Tribuna Invitada

Por Astrid Díaz
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Soy de aquí

Soy de aquí y aquí me quedaré hasta que me muera. Esa es la consigna de muchos puertorriqueños cuyas casas están construidas en zonas de alto riesgo a inundaciones o deslizamientos de tierra, pero que no quieren relocalizarse tras el huracán María.

La Junta de Planificación estima en 200,000 las viviendas afectadas en zonas inundables, donde solo 4,000 tienen seguros de inundación. Esto se traduce en aproximadamente medio millón de puertorriqueños que hoy tienen la oportunidad de salir de ese riesgo a su vida, si son orientados a entenderlo, analizarlo y aceptar cambiar ese patrón, ya sea reconstruyendo sobre el nivel de inundación o relocalizando su casa fuera de la zona.

Estos procesos y decisiones resultan fuertes, pero “a la trágala” no se va a convencer a la gente de nuestros pueblos para que cambien su morada. Aún con la razón de que "cabemos todos en esta nueva historia y geografía", como decía Pablo Neruda.

La educación, entonces, es la mejor herramienta que podemos ofrecerle. Un pueblo que entiende y participa de sus procesos de desarrollo y reconstrucción es un pueblo poderoso en razonabilidad, juicio y humanismo.

Hay que explicarle al país lo que significa vulnerabilidad y riesgo, las bondades de una nueva ubicación en nuevos desarrollos o centros urbanos seguros. Urge diseñar y construir según los reglamentos del país, y con los beneficios que conlleva mitigar y disminuir riesgos, si vamos de la mano de los profesionales de la industria de la construcción.

Cuando los arquitectos diseñamos comunidades, proyectos y casas, lo hacemos con la mayor responsabilidad de salvaguardar vida y propiedad, pero a la vez con la mayor sensibilidad reconociendo que se trata del hogar de cada familia. Grande o pequeña, lujosa o humilde, para cada persona su casa es su palacio.

La vida cambia, el entorno cambia y nosotros también, adaptándonos a nuevas realidades como la que vivimos hoy, después de sobrevivir a un desastre natural. Mi consejo al país es que no temanos a los cambios. ¡Con ellos vienen cosas mejores pues nos hacen reaccionar y esforzarnos en comenzar de nuevo aprovechando la oportunidad de hacerlo bien!

La recuperación del país apenas comienza. No cerremos ningún camino, ninguna ventana que nos haga fuertes. Al contrario, abramos todas las puertas posibles a mejores alternativas y oportunidades de ayuda que nos trae este momento histórico en nuestra vida de pueblo.

No se trata de hacer tabula rasa con nuestras ciudades, pueblos o comunidades, ni con nuestra historia, cultura y gente, se trata de lograr que nuestra gran casa, que es Puerto Rico, sea resiliente y fuerte. Entonces volveremos a gritar confiados: este es mi nicho; esta es mi tierra. Soy de aquí. 

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