Ángel Colón Pérez

Tribuna Invitada

Por Ángel Colón Pérez
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Supremo mensaje de Adriana a nuestra juventud

En estos días, alejado un poco del estrado mientras disfruto de un breve periodo de descanso, he tenido la satisfacción de presenciar el compromiso, la entrega y la dedicación que ha empleado la delegación de atletas que nos ha representado en los Juegos Centroamericanos y del Caribe que se celebran en la hermana ciudad de Barranquilla, Colombia. Entre ese grupo de excelentes exponentes de las diversas manifestaciones del deporte, sin duda alguna, sobresale una joven utuadeña, de apenas 17 años, que lleva por nombre Adriana Díaz González.

Para el juez que suscribe, identificarse inmediatamente con ella no fue difícil. Y no lo fue, porque en las montañas de Aibonito, de donde él salió, se sabe lo duro, lo retador y lo complicado que, en ocasiones, puede ser llegar a donde Adriana ha llegado. Pero para Adriana, como estoy seguro que lo es para la mayoría de los jóvenes y las jóvenes que residen en nuestro Puerto Rico, la voluntad abre caminos.

En cada jugada, en cada punto a su favor, en cada punto en su contra, Adriana parecía enviarnos un mensaje a todos y a todas, pero muy particularmente a los y las jóvenes de nuestro país; a esos a quienes nosotros en la carrera de la vida les entregaremos el batón que lleva en él las aspiraciones de nuestro pueblo, y quienes deben y tienen que estar preparados para recibir ese relevo.

A ellos, desde mi perspectiva, y tal y como lo ha hecho ella con su ejemplo, Adriana les decía: ¡Edúquense, prepárense, atrévanse! La carrera de la vida será ardua. Deben ser conscientes de que en su caminar hacia la meta propuesta habrá días de calma y días de borrasca; habrá días buenos y días no tan buenos; habrá alegrías y habrá tristezas; habrá triunfos y habrá fracasos.

¡No se desanimen! ¡De eso se trata! Eso es lo que llamamos “vida”. Y la vida, son momentos. Aprendan de cada uno de ellos, pues cada uno tiene una enseñanza, tiene un propósito. En fin, como sentenció el poeta, en sus vidas “queda prohibido levantarse sin ilusiones, vestirse sin esperanza, salir a la calle sin fe y caminar sin rumbo”.

Gracias Adriana por tu gesta, gracias por unirnos como país, pero sobre todo gracias por demostrarle a esa nueva generación de puertorriqueños y puertorriqueñas que hoy se levanta, y que ve en ti un ejemplo a seguir, que “los sueños solo mueren si muere el soñador”.

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