José Hernández Mayoral

Tribuna Invitada

Por José Hernández Mayoral
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También hay estados en quiebra

Los estadistas que le echan la culpa de nuestra quiebra a la falta de “igualdad política” deben leer una columna del pasado martes en el Washington Post de título “Congress won’t rescue our deadbeat states”. La escribió Mitch Daniels, exgobernador del estado de Indiana y ahora presidente de la Purdue University, una de las más prestigiosas de los Estados Unidos.

Daniels discute la inminente insolvencia de varios estados y la probable indisposición que enfrentarán por parte del Congreso a rescatarlos. No son estados cualesquiera. Entre ellos está el más rico: California, con el GDP y presupuesto más altos. Está Illinois, quinto en GDP y sexto en presupuesto. Otro es Connecticut cuyo ingreso per cápita es quinto en la nación americana. No son los únicos, Daniels estima que hay entre 15 y 20 estados con debilidad fiscal.

Hay múltiples razones para que estos estados hayan caído en precariedad, entre ellas algunas parecidas a las nuestras como lo es la escasez de fondos en sus sistemas de pensiones. Con salvavidas en California cobrando pensiones de $90,000 anuales y un presidente universitario retirado en Oregon que recibe $76,000 al mes, nos podemos imaginar el resto. Estos estados han intentado manejar sus deudas con aumentos en los impuestos, solución que parece haber empeorado la crisis de cada uno.

Daniels cree que Connecticut hará el rol de Grecia y que Illinois jugará el papel de Italia, países también con problemas fiscales serios. (Eso lo pongo para incorporar al debate a los independentistas que le atribuyen nuestra quiebra a la “falta de soberanía”).

Como debiera ser evidente, nuestra quiebra no se debe a que somos Estado Libre Asociado, ni la de Illinois y Connecticut a que son estados, ni la de Grecia a que es país soberano. Todas se deben, en gran medida, a malas prácticas de gobierno.

En el caso nuestro se puede identificar entre las causas la costumbre de gobiernos recientes de inflar las proyecciones de recaudos para aprobar presupuestos deficitarios que luego cubrían con emisiones de bonos. Eso se podía hacer unas cuantas veces sin que pasara nada, pero no 20 veces corridas sin causar un descalabro.

Lo más importante que plantea Daniels son los obstáculos que estos estados enfrentarán en el Congreso cuando acudan allí a reclamar ayuda. De la renuencia a rescatarlos se habló mucho durante las vistas congresionales de Promesa. Hubo mucha resistencia en el Congreso a extenderle a Puerto Rico mecanismos de paralización del pago de la deuda y renegociación, por temor a crear un precedente que los obligara luego a conceder los mismos remedios a los estados que quebraran.

La manera más clara que encontró el Congreso para evitarlo fue legislando Promesa fundamentada en los poderes que le confiere la cláusula territorial. Ese poder no lo tienen sobre los estados y, por tanto, entienden que Promesa no es replicable para un estado.

Ahí es que el asunto se pondrá interesante. Daniels anticipa que esos estados fracasados pedirán que se nacionalice su deuda, se creen programas de estímulos y otros disfraces similares para ocultar lo que sería en el fondo un rescate. Aun cuando California tiene 53 representantes (nosotros tendríamos cinco), Daniels ve que habrá una oposición mayoritaria a esos reclamos. Aunque Daniels se opone a esos rescates, mi impresión es que alguna vuelta le van a tener que encontrar para hacerlo.

A todos los estadistas que se la pasan diciendo que la quiebra de Puerto Rico demuestra que el Estado Libre Asociado fracasó y es necesario sustituirlo, vayan pensando lo que van a decir cuando quiebre el primero de esos estados.

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