Nick Pastrana

Punto de Vista

Por Nick Pastrana
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Techos permanentes en 60 días para damnificados

A la fecha de este escrito, el gobierno municipal de Yauco ha confirmado que al menos 600 hogares han sido declarados no habitables en este municipio solamente. Aunque aún no tenemos los números oficiales para Guánica, Guayanilla, Sabana Grande, Peñuelas, Ponce y demás municipios afectados, se estima que más de dos mil familias hoy no cuentan con un techo seguro al cual regresar. 

Para lograr el objetivo final de proveerle techo seguro de manera permanente a nuestros hermanos del sur, existen dos posibles rutas. La primera y más obvia sería demoler las estructuras existentes y reconstruir casas nuevas que cumplan con los códigos de construcción actuales. La segunda, que es menos costosa y más práctica en términos de logística y velocidad, sería reubicarlos a propiedades existentes que cumplan con estos códigos de construcción. 

Si algo aprendimos luego del huracán María es que para el gobierno, la construcción y reconstrucción de viviendas es una labor extremadamente difícil, lenta y costosa. Difícil, por no contar con la estructura ni el personal especializado; lenta por la burocracia que se crea, además de que una construcción nueva puede tomar hasta un año en terminarse; y costosa por la complejidad y el tamaño de la operación. En contraste, relocalizar las familias que han perdido su hogar a propiedades ya existentes, disminuiría el tiempo de ejecución. 

Por otro lado, el costo por unidad sería significativamente menor, ya que por la situación inmobiliaria del país, las propiedades en concreto hoy se están vendiendo por debajo de su costo de remplazo. En otras palabras, sale más económico comprar una casa existente que construir la misma casa desde cero. De esta manera, pudiéramos darles techo a más familias con el mismo presupuesto. 

Ahora, luego de establecer las bases lógicas para movernos en esta dirección, la pregunta obligatoria es, ¿cómo lo hacemos? 

Una propuesta que hemos escuchado mucho en estas últimas semanas ha sido la rehabilitación de propiedades abandonadas y reposeídas. Esta alternativa tiene un fin loable, ya que supondría resolver dos problemas a la vez, proveer techos permanentes a las familias mientras se atiende la crisis de propiedades vacantes del país, pero también trae sus problemas prácticos que hay que atender. Primero, el gobierno seguiría estando envuelto en ciertas labores de reparación y construcción. Segundo, el gobierno compraría una cantidad grandísima de propiedades, algo que aumenta la propensidad a la corrupción y tercero, es imposible que el gobierno pueda anticipar con exactitud las necesidades de cada familia en este proceso de compra al por mayor. 

Es por estas razones que debemos explorar otros modelos que no requieran una extenuante intervención gubernamental y que le den mayor libertad a las familias de elegir dónde se quieran relocalizar, obviamente dentro de un marco regulatorio que garantice la resistencia de estas propiedades a eventos sísmicos, huracanes e inundaciones.

Un programa que lograría estos propósitos sería la entrega de vales para cubrir los costos de adquirir una propiedad existente a cambio de la entrega de las propiedades afectadas para que el gobierno proceda a su demolición. Un sistema de vales estructurado de la manera correcta permitiría que estas familias adquieran un hogar en un periodo de 30 a 60 días, agilizando la re-localización de las familias mientras se asegura la transparencia del proceso. Tenemos que actuar ya. 


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