Jorge L. Rivera Carrasquillo

Punto de vista

Por Jorge L. Rivera Carrasquillo
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Telepsicología: una nueva alternativa académica

Toda época posee sus enfermedades emblemáticas (Han, 2019). Ante el contexto sociohistórico que enfrentamos, en el que una pandemia atenta contra la vida humana, surgen medidas repentinas de adaptación en diversas instituciones públicas y privadas para aplacar la tasa de mortalidad, prevenir un posible caos multidimensional y continuar proveyendo servicios esenciales. Algunas de estas residen en la educación, que ha transitado hacia una normalidad de cursos en línea, y los servicios médicos, que ahora se ofrecen bajo la telemedicina. Pese a lo anterior, cabe destacar que aún permean áreas grises en ofrecimientos de gran impacto multitudinario en términos de la viabilidad de su prestación virtual—como los servicios psicológicos, verbigracia. Curiosamente, la educación y la telepsicología comparten un punto de intersección en nuestras universidades. 

La Universidad de Puerto Rico en Río Piedras opera como centro de formación para futuras psicólogas y psicólogos del país. En el Centro Universitario de Servicios y Estudios Psicológicos (CUSEP), estudiantes graduados y graduadas realizan prácticas clínicas en las que ofrecen servicios gratuitos de evaluación y psicoterapia bajo supervisión, por nombrar algunos. Frente a la situación con el COVID-19, el gobierno de Puerto Rico ha optado por implementar medidas de distanciamiento social con la finalidad de atenuar la crisis de salud. Desafortunadamente, esto ha producido un gran sentido de incertidumbre sobre quienes participan de los cursos de práctica clínica, puesto que estos fungían bajo una lógica presencial. Estas condiciones señalan la gran posibilidad de que el estudiantado graduado experimente un retraso en realizar sus horas de práctica, lo que nos remite a cuestionarnos: ¿dónde queda la telepsicología? 

Entidades disciplinarias cruciales, como la Asociación Americana de Psicología, han abordado este asunto desde hace más de 25 años y, aunque señalan algunos riesgos, problemáticas éticas y desconocimiento sobre la provisión de servicios psicológicos de modo electrónico, también destacan que existen numerosos beneficios—como el incremento de accesibilidad en términos económicos y de transportación (Stoll et al., 2020), entre otros. Además, dadas las condiciones extraordinarias en las que nos hallamos como sociedad, no resultaría complejo el ejercicio de vislumbrar la amplia gama de beneficios que nos podría brindar la telepsicología en tiempos que desarropan la ansiedad, la melancolía y la violencia que existen en Puerto Rico. Conforme a lo expuesto, la telepsicología podría ostentar beneficios bidireccionales cuando la pensamos en el contexto académico. Por lo pronto, la Universidad de Puerto Rico y otras instituciones educativas podrían contemplarla como una alternativa para atender la pregunta por las prácticas clínicas y desarrollar competencias que quizás sean útiles en un futuro no muy lejano. Enúltima instancia, pareciera que esta modalidad de servicios psicológicos le acompañará a la profesión más temprano y más cerca de lo que podríamos imaginar, comenzando por las aulas educativas. 

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