Xiomara Feliberty Casiano.
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Temporada de flamboyanes

Cuenta el niño que sacó una D+ porque escribió mal los nombres propios y “las letras propias”. La familia ríe. La familia celebra. Nada los desanima. Se reúnen para celebrar sus navidades en verano.

Traen arroz con gandules, pasteles “mini”, fricasé, ensalada de coditos y tantos dulces y coquito, que temen una diabetes. Fue idea del padre. Celebrar las navidades que no tuvo en diciembre. Pintó la casa, arregló el techo y el muro caído.

Las hijas viajaron desde Boston y Miami para el reencuentro con el hogar. El espacio luce igual pero no es lo mismo. Se cuida cada gota de agua, el hielo es preciado, y las luces navideñas tienen horario limitado.

No hay una fogata, pero se sientan en círculo para escuchar anécdotas y conocer al perro, que tiene nombre de aeropuerto, y fue rescatado luego de que su familia original abandonara el país luego del temporal.

Las hijas que ahora “viven afuera” llegaron justo a tiempo para ver el florecer de los flamboyanes. No vieron el impacto directo de los temporales, y no cargan efectivo. Olvidan cargar los celulares y llenar los tanques de gasolina. “Ustedes no entienden”.

Las hijas entienden a su manera. Su pena no es simbólica ni ausente, es otro tipo de pesar. El pesar de la ausencia es real y siempre tendrá la marca de un si, no acentuado. Se sientan en la noche a ver la novela turca junto a la madre y tienen intercambios en dos lenguas con los más pequeños. Esos chiquitos que nacieron “afuera”, comen arroz con pollo y pronuncian la palabra boricua con un “acento curioso”.

El padre repite las odiseas para comprar una lata de jamonilla que ni se supone que coma por su condición de salud. La nieta lo interrumpe en dos lenguas para pedir un jugo frío con sorbeto. El padre repite que cuando pasó el huracán no había nada frío, “ahora el hielo sabe delicioso”. Cualquier detalle activa todos los sensores del trauma.

Por ahora, las hijas que “ahora viven afuera” respiran el salitre y no mencionan —frente a los pequeños— al vecino que estuvo 12 horas muerto en su casa antes de que lo sacaran.

Cerca de la casa, los flamboyanes florecen con flores tan vívidas como las historias que se cuentan y se repiten, como para no olvidar.


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