Vanessa Marzán

Tribuna Invitada

Por Vanessa Marzán
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Terapia contra las angustias post María

Tenía una rutina, una vida, una agenda más o menos llena… según me antojaba. Mantenía comunicación constante con mis amigos y seres queridos. Trabajaba como loca con varios eventos de la oficina, más los múltiples esfuerzos de la iniciativa Mujer Emprende PR.

Ahora, me confieso adicta a la rutina, a esa zona de confort que nos provee una falsa sensación de seguridad, pues al final, ¿qué es seguro en la vida?

Lo único seguro es el cambio.  Y, literalmente, como un huracán, el cambió llegó sin ser invitado. Cuando llegó el cambio comencé a experimentar signos y síntomas nuevos nada placenteros. Mis niveles de ansiedad se dispararon al techo, al final del día el pecho, literalmente se me apretaba y me costaba respirar tras leer y ver una noticia peor que la otra en las redes sociales. En las noches me costaba dormir.  Días con lluvia o vientos aumentaban mis niveles de angustia. De la adrenalina de los primeros días por la emergencia pasé al “¿ahora que hago”? En las noches, a la luz del celular, la inmensa incertidumbre del no saber qué pasará con Puerto Rico, qué pasará con el futuro de cada uno de los que habitamos en esta bendita Isla.

De repente, ya las comodidades ni los servicios esenciales estaban accesibles. Sentí como si me hubiera levantando un buen día y descubrir que mi tierra se convertía en una zona de guerra, su paisaje del suelo había cambiado de verde esperanza a la nada y el cielo igual. De gaviotas a aviones del ejército sobrevolando constantemente.

Nada era igual a mi vida una semana atrás. Sentí confusión, desesperanza e impotencia. Me di cuenta de que ya no era la misma, la chispa, la alegría y la ilusión que me acompañan la mayor parte del tiempo ya no estaban. ¿Y me pregunté, seré yo la única o es un síndrome de estrés postraumático asociado con María?

¡No soy psicóloga, ni mucho menos! Pero me atrevo a asegurar que todos hemos sido sacudidos por el cambio no buscado. Al día de hoy, el caos y la incertidumbre permanece. No obstante, he notado que poco a poco los síntomas de mi síndrome post traumático a causa de María (MPTSD) ya ha comenzado a disminuir, gracias a mi improvisada terapia, la cual comparto a continuación:

·         Ocuparme: mantenerme ocupada en gestiones profesionales o personales. Es un excelente momento para poner acción a aquellas tareas y proyectos que hemos estado procrastinando.

·         Hacer planes para el futuro: Aunque sean a largo plazo, me llenan de motivación y aportan ilusión ausente en este momento.

·         Ayudar: ¿Cómo puedo poner mis talentos a beneficio de los demás? ¿Son mis contactos, mis manos, es mi profesión, experiencia, es mi influencia? Todos tenemos algo que aportar. El servir nos da cierta paz y tranquilidad en el medio de la incertidumbre que vivimos.

·         Sal de la oscuridad: ¡No te quedes dentro de tu casa, muévete! En las noches saco la silla de playa y me siento en el balcón a contemplar las estrellas, cosa que siempre me ha gustado y pocas veces hago “por la falta de tiempo”. Observar las estrellas me ayuda a comprender cuan grandiosa es la naturaleza, este planeta, el universo y que pequeños pueden ser a veces mis grandes problemas.

·         Agradecer: Vivir en agradecimiento te cambia el ánimo. Si bien es cierto que es y sigue sido malo, siempre podría ser peor. Agradezco que, a pesar de las pérdidas materiales tengo salud y vida, al igual que mis seres queridos. Busca cada día algo que agradecer. He sufrido la partida de muchos seres queridos, quienes han emigrado a los Estados Unidos continentales buscando una mejor oportunidad. Agradezco y confío será solo temporal.

·         Leer: Antes, en mi otra vida tan llena, nunca encontraba el tiempo perfecto para leer. Ya he leído dos libros y acabo de comprar dos más. Estoy alimentando las neuronas y el alma.

·         Aceptación: No resistirme a la realidad me ha ayudado a bajar los niveles de coraje y frustración. Ojo: que no significa conformismo, sino aceptar y entender mi realidad para tomar decisiones que me ayuden a cambiarla para mejor.

·         Identificar oportunidades: ¿Qué oportunidades me ofrece este nuevo escenario? ¿Es momento de tomar nuevos cursos, formarme en otras disciplinas, modificar el negocio? ¿Explorar nuevos mercados?

·         Reflexión: Las largas horas a oscuras en las noches calurosas las he utilizado para reflexionar sobre mi vida. ¿Qué quiero? ¿Dónde estoy y donde quiero estar? ¿Cuál es mi próximo capítulo?

Un nuevo Puerto Rico es posible, así como una nueva y mejorada versión de mí también lo es. En fin, que a veces aprovechar los cambios no buscados y violentos, que llegan como un huracán para sacudirnos por dentro y por fuera, pudieran ser el antídoto para curarnos poco a poco del MPTSD.

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