Astrid Díaz

Tribuna Invitada

Por Astrid Díaz
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Terremoto

Si ocurre hoy un gran sismo en el país, colapsarían las construcciones informales y sobre columnas largas. Construcciones realizadas antes de los códigos de 1987 podrían quedar averiadas, al igual que represas, hospitales y escuelas, si no las reforzamos estructuralmente.

Nuestra historia nos dice que en cada siglo ha ocurrido aquí un gran terremoto en ciclos de 51 a 117 años. A un año del huracán María, conmemoramos también los 100 años del último gran sismo aquí. Fue el 11 de octubre de 1918, con magnitud 7.3. Se originó entre la Trinchera de Puerto Rico y el Pasaje de la Mona, generando a su vez un tsunami. Hubo muertes y daño a edificios, especialmente en Mayagüez. De hecho, la región Oeste- Suroeste es la más vulnerable a terremotos intensos, según estudios geológicos.

En 1987 hubo un cambio fundamental en los códigos de construcción estableciendo más detalles de diseño en relación a la ductilidad y absorción de energía en columnas, paredes y vigas durante un terremoto. Sin embargo, ingenieros especialistas nos han alertado sobre fallas sísmicas encontradas de 2000 a 2012, las cuales no están consideradas en los códigos de construcción, en espera de ser documentadas por el Servicio Geológico de Estados Unidos.

Se creía que solamente había fallas en el mar y no en el interior de la isla. Una de estas fallas comienza en la bahía de Boquerón. La otra atraviesa la isla desde Salinas hasta la zona de Aguada y Añasco. Según estos estudios no hay una sola estructura diseñada y construida en Puerto Rico considerando las mismas.

Debemos aprovechar de que a raíz del huracán se están revisando los códigos por regiones para, a la par, trabajar un Mapa de Zonas Sísmicas que guíe el diseño, el uso del terreno y la preparación de planes de emergencia específicos.

El escenario es retador, pero es viable estar preparados. Existe la tecnología, los estudios, los materiales y los profesionales para lograrlo. Además, hay la voluntad de pueblo para diseñar nuestro futuro resiliente. Lo estamos demostrando en la recuperación tras María y estoy convencida que también ante cualquier amenaza natural lograremos un puertorriqueño educado y preparado en cultura de emergencias y un Puerto Rico fuerte y seguro.


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