Eunice Santana Melecio

Punto de Vista

Por Eunice Santana Melecio
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Terremoto: ¿dónde está Dios?

El gesto más hermoso, el paso de baile y celebración más dinámica, la alabanza al Espíritu Divino más agradable, el discurso más elocuente y la movilización más lucida queda evidenciada en las acciones que el pueblo realiza, sin buscar reconocimiento ni remuneración, a favor de los sectores más necesitados en un momento dado en la historia de ese mismo pueblo.  Es por eso que, desde la fe afirmamos que la práctica de la solidaridad nos ennoblece, nos hermana, nos humaniza y nos hace colaboradores, aun sin pretender serlo, de la obra divina.  

En estos días de sufrimiento profundo de las personas, casi todas pobres, que han perdido sus hogares y sus pertenencias, su seguridad, sus empleos, su tranquilidad y visión clara para el futuro, a causa del terremoto y los consabidos temblores que no cesan, es natural que nos preguntemos ¿qué pasa con Dios? ¿Dónde está Dios?  

Con humildad respondemos que Dios se nos presenta en el rostro de quienes nos tienden la mano compartiendo lo que tienen porque comprenden y se identifican con nuestro dolor, nos miran sin juzgarnos y se comprometen a trabajar por la justicia y la equidad para que en el futuro eventos como estos no sean necesarios para poner de manifiesto la pobreza y otros males presentes en nuestra sociedad.  

La indiferencia de muchos y la avaricia de aquellos que le han negado al pueblo estructuras de excelencia para apropiarse ellos de los fondos y de quienes no han velado por el buen funcionamiento y administración de los bienes colectivos son solo algunos de esos males que tenemos que erradicar.

Dios está también en los rostros y las vidas de las personas necesitadas que nos proveen la oportunidad de acompañarle, compartir con ellas un poco de lo que tenemos, abrazarles, escucharlos y aprender de sus experiencias.  Está en la sacudida que debemos sentir al cobrar consciencia de su situación para salir de nuestra indiferencia, aceptar que todas y todos somos de alguna forma responsables y en la dedicación y el trabajo por el reordenamiento de la sociedad que asumamos

Dios está en el orden perfecto de la naturaleza, organismo vivo que responde a la acción que se ejerza contra ella, a través del cual la humanidad tiene a su alcance todo lo que posiblemente pueda necesitar para desarrollarse y ser feliz.  

El ordenamiento de la sociedad, el uso que le demos a los bienes que están a nuestra disposición, y la manera en que acordamos y practicamos la repartición de las riquezas producto del uso de esos bienes son decisiones humanas.  A menudo actuamos contra la naturaleza sin tomar en consideración las posibles consecuencias de nuestros actos para luego tenernos que lamentar.  A menudo aceptamos también la injusticia, la desigualdad, la pobreza, el discrimen, la explotación y la opresión que se practican en nuestra sociedad como naturales.  

Desde la fe cristiana afirmamos que eventos que al ocurrir están fuera de nuestro control, como huracanes y terremotos, no son castigos de Dios quien es amor, sino respuestas de la naturaleza a sus propias leyes y al efecto de la acción humana contra ella.  En tiempos de inseguridad y dolor busquemos la hermosura de la vida en la solidaridad compartida y en el servicio desprendido, que Dios entre nosotros y nosotras está

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