José Alameda

Punto de Vista

Por José Alameda
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Terremoto, economía, ineficiencias y negligencias

No cabe duda de que esta nueva fase en nuestra sociedad puertorriqueña muestra grietas sociales más profundas y perturbadoras que aquellas generadas por los terremotos. 

Los terremotos no son solo los causantes de un deterioro mayor de la actividad económica y de perturbación constante del orden social. Las inefectivas reacciones del gobierno central a los afectados y a los gobiernos municipales, la intermitencia del funcionamiento sistema eléctrico, entre otros, han creado una falta de credibilidad en las instituciones públicas para atender efectivamente los eventos catastróficos, al nivel que las organizaciones prefieren sacar al gobierno del medio en la repartición de las ayudas.

Pero la falta de credibilidad de nuestras instituciones no solo emerge endógenamente, también se impulsa en Washington, en especial, en aquellas agencias que deben apoyar los esfuerzos de rehabilitación de la economía y de estabilizar el orden social. Al igual que tras los huracanes Irma y María, “sacaron a flote” las inconsistencias de la estructura gubernamental para lidiar con las necesidades del momento. A la misma vez, lograron inflamar malamente a muchas agencias en Washington, incluyendo al presidente Donald Trump.

Es claro, los terremotos no son causas exclusivas de la exacerbación mayor de la caída en la economía, ni del resurgir del patrón migratorio, ni del deterioro mayor de la credibilidad en las instituciones del gobierno al manejar crisis sociales. Una muestra de esta credibilidad pública fue el despido de algunos funcionarios importantes cuando nos encontrábamos en medio de la crisis social. Sin embargo, estas fallas en el manejo y de la gerencial gubernamental, rememoró el recuerdo de los sucesos del verano de 2019 con una incipiente pero no finalizada dosificación de la misma medicina que culminó con la salida del otrora primer ejecutivo.

Una estricta lógica del impacto de la economía de un terremoto  es dividida en las siguiente áreas: 

1- Efectos adversos a la infraestructura – Impacto en las comunicaciones, internet, carreteras, puertos y aeropuertos, sistema eléctrico de generación y transmisión, escuelas, edificios privados y públicos, fábricas, negocios, acueductos y alcantarillados, hospitales, etc.) 

2- Efectos en la capacidad productiva - Impactos primarios (directos) en el nivel de producción de bienes y servicios, nivel de empleo u horas trabajadas, nivel de ingreso nacional (salarios y ganancias)

3- Efectos en el capital humano - Mortalidad y morbilidad 

4- Efectos indirectos e inducidos – Impacto en el turismo, viajes desde el exterior, comercio exterior, flujos de capital, pérdida del valor de las propiedades 

5- Migración - Potencia la emigración y reduce inmigrantes y finalmente en todo el orden social. Lo cierto es que las ramificaciones de todos estos efectos hacen que toda la economía se afecte y no solamente la zona Sur. 

El estimado mío del impacto económico (del terremoto) ronda por $1,756 millones, un 1.7% del PIB nominal. En infraestructura $560 millones y en productividad $1,196 millones. Las horas trabajadas perdidas se estiman en 22 millones de horas-personas; empleados privados afectados 244,176 (full time equivalent); y en el sector de gobierno, 60,182 empleados. De otra parte, el centro Enki Research y mediante el técnico Chuck Watson, nos dicen que el efecto económico puede llegar a $3,100 millones. 

Un efecto indirecto no solo de los terremotos sino de la crisis en el orden social, ya se observó en la organización DMO que promueve a Puerto Rico como destino turístico y la importante convención internacional de turismo que estaba en agenda aquí. Este sector de turismo ha sufrido un impacto significativo, principalmente de cancelaciones de reservas, además del adelanto de la salida de los extranjeros que se encontraban en la isla.

 Considero que los terremotos han perturbado la estabilidad social, la de la infraestructura, así como la restauración del sistema eléctrico, pero las respuestas inefectivas de las instituciones privadas y públicas amplifican el disgusto social, las grietas del orden social, generando efectos de corto y largo plazo en nuestra economía y en la sociedad.  

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