Ana Teresa Toro

Punto de Vista

Por Ana Teresa Toro
💬 0

Territorios, lentejuelas y banderas

No existe deporte, ni manifestación cultural más representativa de la esencia, los fundamentos y la idiosincrasia de la nación estadounidense que el fútbol americano. En este deporte se avanza y se adelanta en el juego conquistando yardas, ganando terreno, dominando territorio. Y se hace con velocidad e imposición de la fuerza, se hace bajo una serie de reglas propias, con cuerpos ensanchados y agigantados bajo capas de protección, y usando un balón distinto al que se usa en el otro fútbol que, en el resto del mundo, es el deporte rey. Pero en este país no hay monarquías que valgan, gana el más rápido, el más fuerte, el más hábil. Es una metáfora viva de la mentalidad imperial, gana el que logre acumular más terreno, no importa lo que se lleve por el medio. 

Probablemente, ni los jugadores, ni los dirigentes, ni los fanáticos, ni nadie que forme parte de la enorme industria que opera alrededor de este deporte en los Estados Unidos piense en eso. No hace falta. Las metáforas cuando son tan evidentes se manifiestan solas y no necesitan mayor interpretación.

Es precisamente este espíritu de lectura el que viene al cuento tras la comentada presentación de anoche de Shakira y Jennifer López, protagonistas del espectáculo de medio tiempo en el Super Bowl; probablemente el evento de entretenimiento anual más visto en los Estados Unidos, y por lo tanto, con amplia resonancia global

Mucho se ha comentado acerca de la relevancia de que en el interior de una institución, como la NFL, señalada una y otra vez por sus decisiones claramente racistas y discriminatorias, se comisione el espectáculo a dos mujeres íconos de la música latina, quienes trajeron como invitados a dos figuras clave de la llamada música urbana Bad Bunny y J Balvin. También se ha hablado acerca del hecho de que, siendo la sede una ciudad como Miami en la que puedes vivir tu vida cotidiana sin necesidad de hablar inglés, el espectáculo respondió a su contexto con canciones en español. A su vez, como ya varios comentaristas culturales han analizado, el show logró ofrecernos la posibilidad de una lectura política tanto con el uso libre del español, como con los ritmos y danzas árabes y la aparición de niñas enjauladas cantando a coro un fragmento de la controversial canción Born in the USA, una especie de canto al fracaso del sueño americano, seguida de la muy pop pero sigilosamente colocada Let’s Get Loud. 

En Puerto Rico la discusión se ha cifrado en la inesperada aparición de la bandera de Puerto Rico en la vestimenta de Jennifer López, quien se dejó arropar por una pieza que en el exterior mostraba la bandera estadounidense, pero en el interior y de manera más visible, mostraba una bandera de Puerto Rico. Ya se discute si el gesto se trata de una especie de oda accidental al Estado Libre Asociado, o si es una afirmación de una puertorriqueñidad blanda cobijada bajo el manto de los Estados Unidos. Los sectores del nacionalismo americano y supremacismo blanco más extremo han criticado el show, tanto por el uso del español, como por la aparición de una bandera de Cuba, en clara confusión con la bandera boricua. 

El mayor acierto del espectáculo es que nos ha dejado varias lecturas posibles. Hoy escojo la lectura que siento necesitamos como país y celebro que, en el epicentro del evento deportivo y cultural más grande de los Estados Unidos, en medio de las millones de barbacoas familiares, una mujer que no suele ser particularmente política en sus planteamientos como JLo, haya decidido ondear la bandera puertorriqueña, la de su crianza y su herencia, en medio de uno de los contextos de violencia institucional más duros que ha vivido la isla y una de las presidencias más abiertamente discriminatorias para el pueblo puertorriqueño. Y lo hizo porque tiene poder, influencia, lo hizo porque puede y a veces, de vez en cuando, consuela un poco —en medio de tantos golpes— que los que pueden tomen posturas, asuman el riesgo y usen su poder para recordarle al mundo lo que es importante. Esta vez, por incómodo o insuficiente que sea para muchos o por gozoso que sea para otros, en esa plataforma del espectáculo, entre lentejuelas y plumas, y parada en ese terreno de juego, encima de la metáfora más contundente del espíritu estadounidense se le recordó a los Estados Unidos que su colonia más antigua, también tiene una voz que le va a seguir gritando desde la entraña. 

Otras columnas de Ana Teresa Toro

lunes, 3 de febrero de 2020

Territorios, lentejuelas y banderas

La inesperada aparición de la bandera puertorriqueña en la vestimenta de Jennifer López, entre otros símbolos, invita a una lectura política del espectáculo más pop del año

jueves, 23 de enero de 2020

Llerandi: nadie muere por un grito y una cacerola

A raíz de la indignación de la ciudadanía expresada en cacerolazos y gritos en un café de la capital han regresado los llamados a una supuesta paz que no es otra cosa que sostener el statu quo, plantea Ana Teresa Toro

martes, 14 de enero de 2020

Las perras y el poder

¿Cuándo un ataque se convierte en una señal de reconocimiento del poder? El insulto de un analista radial a la alcaldesa de San Juan, Carmen Yulín Cruz, arroja luz sobre esta pregunta, dice Ana Teresa Toro

lunes, 13 de enero de 2020

¿Quién confía en el gobierno?

Ana Teresa Toro señala que la resistencia de la ciudadanía a entregar suministros a las instituciones oficiales para su distribución evidencia la profunda grieta de escepticismo y desconfianza en el gobierno

💬Ver 0 comentarios