Efraín Vázquez Vera

Tribuna invitada

Por Efraín Vázquez Vera
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Terrorismo y odio en Orlando

L a ciudad norteamericana de Orlando se suma a la lista trágica de ciudades del mundo víctimas del terror. En esta ocasión, elementos nuevos la diferencian de los demás ataques, lo que es aún más alarmante. El atacante yihadista, un norteamericano de 29 años de padres afganos, fue probablemente un “lobo solitario” que actuó por iniciativa propia inspirado por el así mal llamado Estado Islámico, pero sin contacto con ellos. Su “autonomía de acción” explica por qué fue imposible impedir el acto terrorista por parte de las fuerzas de seguridad de los Estados Unidos. Igualmente, esta realidad pueda explicar por qué se realizó un ataque terrorista combinado con el odio contra la comunidad homosexual, ya que se conoce ya la homofobia expresa del atacante. Aunque el Estado Islámico ha cometido crímenes contra homosexuales en territorios bajo su control, si se confirma su participación directa en el ataque de Orlando, sería la primera vez que se realiza un ataque terrorista contra una comunidad específica, en este caso la homosexual.

Debemos recordar que el terrorismo, por definición, busca afectar lugares públicos que permitan una mayor difusión en los medios de comunicación. No se trata de atacar objetivos militares, sino de aterrorizar a la población civil y causar la mayor angustia posible. En este sentido, atacar un club nocturno frecuentado por la comunidad homosexual en la ciudad de Orlando resultó ser una forma eficiente de esparcir el terror por el mundo.

Este “acto de terrorismo y odio”, como lo calificó el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, tendrá consecuencias en el proceso electoral norteamericano de noviembre. Hoy todos los medios de comunicación resaltan que el reciente acto terrorista es la peor masacre de la historia norteamericana, y la mayor pérdida de vidas por terrorismo en los Estados Unidos desde los ataques a las torres gemelas en los que murieron más de tres mil personas. Por tanto, habremos de esperar un ambiente de pánico en el escenario de la campaña electoral norteamericana. Tengamos presente que el terrorismo tiene como uno de sus objetivos crear una sensación de indefensión que lo hace triunfante. Podemos asegurar que el tema principal de campaña electoral será, una vez más, el terrorismo y la seguridad, lo que beneficia la candidatura de Donald Trump. En este sentido, es de esperarse que los terroristas dirigidos por el Estado Islámico y los “lobos solitarios” busquen aterrorizar aún más a los Estados Unidos como antesala al evento electoral de noviembre.

Como mencioné, uno de los principales objetivos del terrorismo es causar en la población civil la sensación de inseguridad, incertidumbre y vulnerabilidad. Esta realidad provoca que los gobiernos o candidatos políticos asuman discursos beligerantes y vengativos para proyectar una acción gubernamental, lo cual, lamentablemente, no resulta efectiva en la lucha contra el terrorismo. Combatir el terrorismo tan solo para atajar la sensación de vulnerabilidad de una población es una tentación que debe evitarse a toda costa. De esta forma, resulta imposible enfrentar las raíces del terrorismo, que se encuentran en la marginación y la pobreza extrema, en la desigualdad y la injusticia. Debemos tener presente que, más que el resultado de mentes enfermas que utilizan la política o la religión, o ambas, para canalizar sus frustraciones, el terrorismo internacional actual es fruto de las injusticias sociales y políticas.

Otra consecuencia directa que tendrá el ataque de Orlando en la política norteamericana será el endurecimiento de las políticas de asilo para refugiados, especialmente de refugiados sirios. Recordemos que la administración Obama se comprometió con recibir a un grupo de refugiados sirios, por lo cual ha recibido severas críticas del candidato republicano Donald Trump. No hay duda que, mientras más atentados ocurran en los Estados Unidos, las puertas humanitarias norteamericanas se cerrarán para los refugiados, lo que agravará la inestabilidad en el medio oriente.

Por otro lado, hay que destacar las muestras de solidaridad y apoyo recibidas por la comunidad homosexual en los Estados Unidos y el mundo. El respeto a los derechos humanos debe ser la bandera contra el terrorismo y la intolerancia. El mundo democrático y libre no puede permitir el discrimen por ningún motivo, y es por ello que debemos ser militantes en la defensa y protección de aquellos que son víctimas de la intolerancia en todo el mundo.

Un debate que debe resurgir en los Estados Unidos y que haría que las muertes de Orlando no sean en vano es el del control de ventas de armas de asalto en Norteamérica. La administración Obama ha tratado en innumerable ocasiones, sin éxito, de prohibir la venta de armas de asalto a civiles. La masacre de Orlando ocurrió ya que el atacante tenía un arma militar de asalto adaptada para uso “civil”. Es inconcebible que un norteamericano con un historial de abuso y maltrato pudiera adquirir cualquier arma. Mientras sea legal que civiles puedan adquirir este tipo de armas con tanta facilidad, el mundo deberá acostumbrarse a las masacres de civiles en los Estados Unidos.

Lo espeluznante del ataque en Orlando debe hacernos reflexionar seriamente sobre sus causas y cómo combatirlo con efectividad. Pretender acabar con este fenómeno con medidas a corto plazo, inefectivas, nacidas de la furia vengativa y no del análisis profundo, es avivar las huestes terroristas en el mundo. El terrorismo debe enfrentarse de forma responsable, yendo a sus orígenes, atacando la pobreza y la miseria que lo alimenta. No hay fórmulas mágicas contra esta pandemia.

@efvave

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