Carmen S. Maldonado

Tribuna Invitada

Por Carmen S. Maldonado
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Titanes en la Universidad de Puerto Rico

A dos semanas del paso del huracán María que devastó nuestro país, la Universidad de Puerto Rico se levanta. El esfuerzo titánico de iniciar la recuperación de los once recintos en el sistema universitario público de Puerto Rico no tiene precedentes en su historia. El golpe huracanado que impactó a la UPR dejó un impresionante rastro de desolación forestal, edificios de alto valor académico e histórico despojados de su funcionalidad estructural, falta de electricidad y agua potable y por supuesto el disloque del quehacer académico y científico que define su existencia.

La comunidad universitaria se ha desbordado en ayuda y acción para poner cada recinto en pie. Pocos días después del impacto del huracán María, en el Recinto de Río Piedras brigadas de estudiantes, profesores, exalumnos, empleados no docentes y gerenciales dedicaron horas arduas a pleno sol a recoger escombros, hojas, limpiar espacios de trabajo, laboratorios, salones de clases y áreas afectadas por el huracán María. Un gran compromiso y amor por nuestra universidad moviliza intensamente a todos los que pertenecemos al más importante proyecto de educación superior del país. Afortunadamente, el Recinto de Ciencias Médicas retoma su importante labor académica la próxima semana y el edificio de Ciencias Moleculares se mantuvo operando activamente después de la tormenta.

Ahora bien, este empuje solidario y digno de emular es sólo el primer paso para la recuperación de las labores y actividades académico-investigativas en los otros diez recintos. En estos momentos cruciales, la UPR es esencial para la reconstrucción nacional. Por lo tanto, requiere de manera inmediata ayuda económica urgente para atender las pérdidas millonarias y los estragos estructurales que dejó el huracán María. Sólo en el Recinto de Río Piedras, varios edificios sufrieron daños mayores como la Biblioteca General, el edificio de investigación de Julio García Díaz, y el anexo de Facundo Bueso. Allí, la gestión universitaria se detuvo abruptamente dejando investigadores, profesores, estudiantes y no-docentes impedidos de retomar labores debido al daño estructural que confrontan estos edificios. Imaginamos que este penoso escenario se multiplica en la gran mayoría de los recintos del sistema UPR.

Para agilizar el regreso al semestre que ya de por si se encuentra desarticulado en el tiempo es imprescindible energizar los edificios en ciertas instancias con plantas eléctricas; identificar fondos externos de apoyo para los investigadores que perdieron equipos, materiales y oficinas; desarrollar un plan de mitigación que aleje a la UPR de las vulnerabilidades estructurales del pasado y articular estratégicamente nuevas relaciones de intercambio entre otras universidades a nivel internacional y de Estados Unidos que desean ayudar de manera solidaria. Es evidente que la respuesta de apoyo del mundo académico del exterior es impresionante lo cual demuestra una vez más cuan valorada es la gran contribución intelectual y distinción académica de nuestra universidad. 

No debe sorprender a nadie que si no actuamos eficazmente en levantar funcionalmente a la UPR corremos el riesgo de un éxodo significativo del caudal profesional y estudiantil que minaría los cimientos de su ya vulnerable situación financiera. El impacto de esta posible pérdida intelectual resultará en un potencial daño irreparable para la UPR y el país.

Los tiempos post-María nos hacen recordar una profecía que yace en el libro Popol VuhDel seno de la oscuridad nacerá la luz que nos permitirá ver lo que nos rodea. La UPR es esa luz que guiará nuestro sendero a la recuperación nacional. Más que nunca, la UPR debe ser una prioridad para el gobierno y el pueblo de Puerto Rico. Capitalizar la UPR permitirá que continúe siendo la protagonista incansable del desarrollo educativo, económico e innovación de Puerto Rico y el mundo.

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jueves, 5 de octubre de 2017

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