Juan Antonio Ramos

Lo que tengo que decir

Por Juan Antonio Ramos
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“Tití Harvard”

Mi compañero de trabajo Alberto Bocanegra se quejaba de que sus alumnos no tomaran nota de sus comentarios sobre obras, escritores y movimientos literarios. Decidió adjudicar sus “palabras con luz” a autores y estudiosos reconocidos. “Y esto no lo digo yo, lo dice Julio Cortázar”, y allá saltaban los estudiantes a garabatear en sus libretas las palabras “trascendentales” expresadas por el autor de Rayuela. El prestigio y el gran nombre todo lo transforman.

Vas con tu novia al Museo de Arte Moderno en Nueva York y te topas con este dibujo ridículo. “¡Pero qué cosa fea! ¿Cómo es posible que se atrevan a exhibir un adefesio así en este lugar?” Tu amiga señala con el dedo la firma del autor: Picasso. Tu actitud cambia. “Caramba, algo tiene que tener esta obra de arte”. El adefesio ridículo ahora te gusta, ahora eres capaz de admirar su belleza, y no te cansas de alabarlo.

Nunca pudiste leer más de tres páginas escritas por Alice Munro. Te burlabas de ella tachándola de ama de casa que narraba culebrones aburridos. Supiste que se ganó el Nobel de literatura, y corriste a la librería para hacerte de algunos de sus libros. Sigues sin leerla, pero te aseguras de que tus amistades sepan que eres un viejo admirador de la ama de casa que escribe culebrones.

Borges afirmaba con cierta amargura, que nadie le hacía caso en Argentina hasta que en Europa le otorgaron el prestigioso premio Formentor-Prix Internacional (1961) por su libro Ficciones. El galardón era concedido por siete editores de vanguardia de Europa y Estados Unidos. Jorge Luis Borges, el célebre escritor que todos conocemos, nació para el mundo cuando tenía 62 años, gracias a la concesión de este enorme reconocimiento procedente de países extranjeros.

“Nadie es profeta en su propia tierra”. Nosotros los puertorriqueños sí que sa¬bemos de eso, porque cuidado que le damos mucha importancia, crédito y valor a lo que viene de afuera, en especial, a lo que viene del Norte.

The New York Times publicó el 8 de diciembre de 2017 en primera plana, el artículo titulado “Official Toll in Puerto Rico: 62. Actual Deaths May Be 1,052”, en refe-rencia a las muertes provocadas por el huracán María. Asimismo, el periódico informaba que un estudio llevado a cabo por Pennsylva¬nia State University, sugería que la cifra de muertos por el azote de María podría ser ¡diez veces! mayor que la cifra oficial. El rotativo neoyorkino concluyó diciendo que la cadena noticiosa CNN entrevistó a los dueños y administradores de 112 funerarias a los pocos días del impacto de María, y todos coincidieron en que el número aproxi¬mado de muertes pudo haber sido 500.

Esta noticia pasó sin pena ni gloria. A pesar de provenir de una fuente informa¬tiva tan prestigiosa y confiable como The New York Times. Sirvió de preámbulo para lo que se daría a conocer seis meses después.

Un estudio realizado por la Universidad de Harvard ubicó en ¡4,645! la cifra de muertes relacionadas a María. Sabemos del re¬vuelo que esta noticia ha provocado. Ocupó las primeras planas de importantes pe¬riódicos y medios noticiosos, no solo de Estados Unidos, sino del mundo.

Aquí hay dos factores que deseo señalar. El primero es el titular sensacionalista que apunta hacia la cantidad de muertos que dejó el huracán. 4,645 es un titular de ensueño. ¡Cómo vende! María le dio en la cara a Katrina que mató a 1,833 personas, y superó por mucho a las 2,749 muertes habidas en el ataque a las Torres Gemelas.

Lo segundo es Harvard. Si el estudio lo hubiese hecho Cochinchina University College, no se le hubiera prestado ninguna atención a la noticia. De otra parte, para nosotros los boricuas, toda esta situación tiene un significado adicional, porque no se trata de Harvard a secas, sino de “Tití Harvard”. Además de ser una universidad pres¬tigiosa, es una universidad gringa. La mayoría de los puertorriqueños idolatra todo lo que huela a gringo. Empezando por el gobierno que nos gastamos, que ha enmude¬cido ante las atrocidades que la gringuísima “Tití Harvard” ha pregonado a los cuatro vientos.

Sería fabuloso que “Tití Harvard” le dijera al mundo que Puerto Rico, en pleno siglo XXI, sigue siendo una colonia de los Estados Unidos. Que el congreso ameri¬cano nos espetó una Junta de Control Fiscal para destriparnos, y que casi todos los miembros de esa Junta son puertorriqueños.

“Tití Harvard’, tú sabes que a lo largo de la historia, todos los imperios de turno se han valido de cierto tipo de individuo oriundo de la región conquistada, para impo-ner su dominio. Esta persona extraña que traiciona a sus hermanos, vive para emular al señor que lo domina, para buscar su aprobación y para servirle incondicionalmente. El amo sabe que siempre podrá contar con “cierto tipo de individuo”.

Pero “Tití Harvard” dice que nada de eso vende como noticia. Me molesta que despache mis argumentos tan a la ligera y le pregunto: “¿Qué tenemos que hacer los puertorriqueños para que el mundo sepa que Puerto Rico es una colonia de los Estados Unidos?” “Tití Harvard” me contesta con otra pregunta: “¿Has visto el do¬cumental ‘1950’, sobre la insurrección nacionalista y el ataque a la Casa Blair?” Me deja sin palabras. “Tití Harvard” sonríe y me da una palmadita en el hombro, como si se compadeciera de mí.

Ella sabe que el puertorriqueño que se presenta en el documental ya no existe. También sabe que en el Puerto Rico actual, montones de boricuas soñamos con convertirnos en una copia fiel y exacta del amo del Norte. De ese “Norte revuelto y brutal que nos desprecia”. Y esto no lo digo yo, lo dice José Martí.

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sábado, 28 de julio de 2018

“Tití Harvard”

El escritor Juan Antonio Ramos declara que "en el Puerto Rico actual, montones de boricuas soñamos con convertirnos en una copia fiel y exacta del amo del Norte"

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