Miriam Pérez Rivera

Tribuna Invitada

Por Miriam Pérez Rivera
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Toda la culpa no es de María

El ser humano suele evadir la responsabilidad de sus actos, encontrando a quien culpar. En estos momentos, estamos culpando a un fenómeno natural con nombre propio, esto nos facilita el proceso de personificar a quién le echamos la culpa. Así de fácil es echarle la culpa al Huracán María, quien llegó con fuerza y azotó el País como una madre enojada, en aquellos tiempos donde la fuerza de la “chancleta” de mamá nos corregía. Y así lo han catalogado muchos, como un castigo de la madre naturaleza.

María fue quien nos quitó la mancha de plátano de los ojos y nos permitió ver en quienes nos habíamos convertido, nuestros estilos de vida, el estilo de gobernar y hasta la forma que se administraban los negocios. Nuestra nueva realidad es la consecuencia de las decisiones tomadas durante años.

Nos habíamos convertido en los habitantes de un lugar, habíamos olvidados hacer comunidad. Conocer al vecino, mostrar con actos que estamos ahí, para reír y llorar juntos, para cuidarnos unos a otros.

Habíamos incluido a nuestros hijos en nuestro aislamiento, en nuestra rutina, les habíamos quitado la opción de ser niños creativos y aventureros.

Hacen años no veía tantos niños juntos, aprendiendo a vivir a través del juego. Los he visto negociar: - “Jugamos esto ahora y esto después”. Los he visto compartir:   -“Te presto mi bicicleta y tú me prestas tus patines”. Los he visto cuidarse:   -“!Cuidado que viene un carro!”. Los he escuchado reír, inventar juegos, ensuciarse, los he visto vivir. Todo eso lo hacíamos sin la necesidad de un huracán. Ahora está de nosotros, mantenernos unidos a nuestra comunidad.

Nos habíamos convertido en consumista, en malgastadores del dinero. Sin cultura de ahorro, sin guardar para mañana. Tras la visita de María, nuestros bolsillos fueron impactados, esto hizo que reflexionáramos sobre la forma que gastábamos el dinero. María no fue quien gastó su dinero sin medir prioridades. Por el contrario, nos da la oportunidad de entender la importancia de guardar para mañana y la experiencia vivida nos dará la voluntad para lograrlo.

Muchos negocios han quebrado luego de María. Con la excepción de aquellos que los vientos de María les llevó la estructura. Estos negocios ya estaban quebrados, ya estaban con el agua al cuello. Existen muchísimas variables para que los negocios antes del huracán estuvieran viviendo mes a mes. Entre las principales están: la falta de administración estratégica y de consciencia financiera.  Al igual que en la vida personal, se gastaba hasta el último centavo. Eso no es culpa de María, pero sí les da una buena excusa para cerrar y volver a empezar. Es momento de aprovechar la oportunidad de comenzar con más conocimiento y una nueva mentalidad.

El gobierno y las agencias que tienen la obligación de facilitar al pueblo el bienestar en todas las áreas, son los primeros mal administrados. Tras el paso del huracán quedó evidenciado, la débil moral de los integrantes del gobierno, las ráfagas de la corrupción ya habían destrozado al país. La falta de consenso, la desorganización, el exceso de “amigos” y la falta de empatía con el pueblo, ya nos habían inundado, ya nos tenía ahogados. María solo sacó todas las calamidades a flote.

Lo que nos ha pasado no es culpa de María, la culpa es toda nuestra. Ser responsables de nuestra realidad, nos da el poder de cambiarla. María nos dio la oportunidad de reescribir nuestra historia. Aún quedan lágrimas por derramar, aún queda batallas que librar, pero después de todo habremos vencido. Desde hoy, cada uno puede decidir, ser víctima o sobreviviente. 

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