Mayra Montero

Antes que llegue el lunes

Por Mayra Montero
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Toda la vida y hasta la eternidad

Por los mismos días en que nos devanábamos los sesos pensando cuál sería la decisión final de la alcaldesa de San Juan, salía una discreta nota en este diario que anunciaba que para el próximo año fiscal, la Comisión Estatal de Elecciones (CEE) solicitará un presupuesto de más de 70 millones de dólares.

¿Se volvieron locos, o tan solo ligeramente trastornados?

La cifra presuntamente se basa en los gastos en que incurrirá ese organismo, celebrando primarias locales y presidenciales, y pasándoles el plumero a las máquinas de escrutinio electrónico, que están algo arrugadas, tiradas de cualquier manera en un almacén. El fabricante pide un montón de dinero para ponerlas otra vez en condiciones.

Alega la CEE que también tienen que preparar las elecciones generales de 2020 (uff, no paran los pobres), y como si no fuera bastante, por el ladito se cuelan otras consultas que requerirán una fuerte inversión. Por ejemplo, la de preguntarles a los sanjuaneros a qué hora deben cerrarse las barras de la capital. Por ahí vi que la alcaldesa le escribió al jefe de la Comisión Estatal de Elecciones para que le prepare un referéndum sobre ese tema vital. ¿Pero por qué tenemos que gastar en esa tontería? Lo lógico es que el Municipio de San Juan decrete una hora determinada de cierre, con un plan piloto o algo así, y luego, bajo criterios de viabilidad y sensatez, decidir lo que se hace. Montar ese espectáculo de “participación ciudadana” para ver quién se toma la última cerveza a qué hora, es absurdo.

El próximo año fiscal comienza en julio, así que el dinero para la CEE tiene que aparecer ya. Las agencias públicas y los ciudadanos privados que estén pensando en tomar previsiones de cara a la temporada de huracanes, que se inicia por esa época, que se aguanten y no gasten, porque tendremos que exprimirnos el bolsillo para sacar de donde sea esos $70 millones que pide la CEE, una buena parte de los cuales se van en nómina. Según la reportera que firmó la nota, la nómina se divide así: $3.3 millones que se destinan al salario de los empleados regulares, y $15.2 millones que van para los funcionarios de confianza. O sea, para los politiqueros de nuevo o viejo cuño, que de cara a las gradas se sacan las tiras de pellejo, pero cuando están dentro de la Comisión forman una piña indestructible.

Dicho de otro modo: si para julio el Centro Médico o cualquier otra instalación del estado, del tipo que sea, requiere un dinerito extra para asegurar la estructura o hacerse con un generador eléctrico, ni lo sueñe. No se puede porque la Comisión Estatal de Elecciones es una prioridad y exige que le den mucho, muchísimo, el doble de lo que recibe ahora.

El ciudadano de a pie, lo que llamamos pueblo, puede gastarse el dinero en lo que le parezca, en hacer una buena “compra” de cara a los temporales, o apertrecharse de productos para alumbrarse y hasta de una planta eléctrica, ya que el sistema sigue tan frágil como antes. Pero quetodos sepanque alguna patraña fraguará el gobierno para sacarnos dinero del bolsillo y contentar a los pedigüeños de la CEE, toda vez que la cantidad de millones que alegan que necesitarán para sus múltiples tinglados electorales, no va a salir de asignaciones federales.

Es decisivo que la Junta de Control Fiscal frene en seco este desorden. Y digo la Junta porque, ¿de dónde va a salir, si no, la orden para que no boten ese dinero?

¿Que los partidos tienen que celebrar primarias? Pues que las hagan como puedan, por internet, o por delegados en sus propias sedes, o en el programa ese que se llama Exatlón, que ponen por el Canal 2 y me preocupa. Se mueven a una isla acogedora, Palominito o Caja de Muerto, se quedan allí tres días y salen con un candidato bronceado y reluciente.

No hay razón para que nos sometan a esa arbitraria gastadera de fondos, primarias por un lado, primarias por el otro, y paripés presidenciales, que son los peores. Que se las arreglen como puedan en los partidos, que para eso son colectividades organizadas en torno a un ideal y un proyecto común, ¿o no?

Protestar porque se le retiran fondos a la Universidad, porque peligran las pensiones y porque los municipios se quedan sin un centavo, y a la vez defender que le aflojen $70 millones a la CEE, es el fruto de la inconsecuencia: puro subdesarrollo.

La Junta de Control Fiscal, antes que la eliminen —que es lo que nos prometen todos los candidatos sin excepción— debería hacernos el inmenso, patriótico favor de impedir que se siga botando el dinero. Es más, aquello que dijeron al principio, y que tanto repitió el gobernador, de que la Junta establecía el tamaño del cuarto, y el gobierno colocaba los muebles, debe ser al revés: dejemos que el gobierno establezca el tamaño del cuarto (qué más da) y la Junta sea la encargada de colocar los muebles.

De lo contrario, estaremos cargando con ese camastro viejo que es la CEE por toda la vida, y hasta la eternidad.

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