María de Lourdes Lara

Punto de vista

Por María de Lourdes Lara
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Todo regresa a nosotros

¨Nada va a cambiar. Si el pueblo no hace el cambio, el gobierno no lo hará¨. Con esta sentencia, la voluntaria Claudia Ramírez, de 24 años, una de las muchas y muchos que viajan al sur de Puerto Rico a socorrer a las víctimas de los terremotos ocurridos recientemente, concluía su sentir al responder a una entrevista hecha por un periodista de El Nuevo Día.  

Es cierto.  Nada va a cambiar si desde el pueblo no decidimos hacer un profundo cambio en el gobierno.  Gobiernan las personas a quienes concedemos la responsabilidad de pensar, acordar y ejecutar la voluntad de hacer valer los derechos que concede una democracia. Gobiernan a quien delegamos administrar y proteger nuestros recursos materiales y humanos. Esto no es una dictadura impuesta por un grupo militar o civil.  Esto no es una monarquía absoluta, cuyos elegidos son escogidos por un dios celestial.  Cada ser que tiene en su haber la toma de decisiones sobre leyes, derechos, el manejo de fondos públicos o la fiscalización de sus usos, pasó primero por el escrutinio de las urnas y ellas a través de nuestras decisiones.  

Somos responsables de garantizar que existan instituciones que funcionen y, como cerraba en su columna dominical este mismo periodista: ¨Sin instituciones que funcionen, nada avanzaremos.  Es hora de entenderlo¨ Me pregunto muchas veces, ¿qué es lo que no entendemos?  ¿Será que no sabemos vivir, o será que no queremos asumir la responsabilidad de vivir en una democracia?  Quizás haya un poco de ambas en la respuesta.  Muchas de las reacciones que observo en la ciudadanía, como echarles la culpa a sus funcionarios electos por todo lo que nos maltratan con sus políticas públicas desacertadas; o por mal administrar los fondos públicos, parecen venir de gentes que piensan que no tienen nada que ver y que nuestros gobiernos se crean a sí mismos por obra y gracia de Dios.  Se piensan despolitizados por completo. Otros, creen que aislarse o enajenarse, los protege de algún modo de las debacles diarias.  Pero siempre las crisis que producen nuestras decisiones nos alcanzan: Todo regresa a nosotros.

Nos toca a la ciudadanía socorrer a su pueblo, cada vez que el Estado incumple con sus responsabilidades; cada vez que mal utiliza los recursos destinados a atender las necesidades y problemas de cada comunidad.  Nos corresponde garantizar la elección y/o destitución de funcionarios públicos (que eso es todo lo que son; funcionarios elegidos para gestar lo público) que garanticen la práctica de la democracia: que es hacer valer la Constitución y la Carta de Derechos Humanos Civiles; y administrar con responsabilidad los recursos públicos en bien del desarrollo y la calidad de vida de sus habitantes. ¡Este país produce riqueza como para estar situado entre los más desarrollados y sostenibles del hemisferio!  

Nopodemos hacerles el trabajo y dejarles a ellos y ellas en sus puestos repartiendo el patrimonio público. ¿Y la Junta de Supervisión Fiscal?, preguntarán algunos.  Pues también nos corresponde acabar de resolver esta relación de desigualdad política, que mantenemos, por ignorancia o por jaibería: creyéndonos que estamos en ¨lo mejor de los dos mundos¨ En verdad, estamos entre lo peor de los dos mundos: empobrecidos e inseguros. Ahí el centro de lo que necesitamos cambiar como pueblo y ya sabemos cómo hacerlo. De seguro podemos crear un buen gobierno, si juntamos a los miles de “Claudia¨ que ya saben que nos toca hacerlo.  

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